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Carmen Hernández |
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Viernes 24 de junio: la pintura como ritual |
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La obra Viernes 24 de junio que hoy presenta Carlos Sosa en los espacios de la Sala RG, redimensiona la tradición celebratoria de la fiesta de San Juan desde una experiencia pictórica realizada de manera colectiva, que exalta el contenido simbólico de los elementos y del proceso creativo por sobre la autoría y la condición del estilo plástico. En nuestras costas se celebra la fiesta en honor a San Juan Bautista en un ánimo de colores y música que conjuga el sentimiento religioso de regocijo en torno al nacimiento del santo con ancestrales rituales agrario-solares. Durante el solsticio de verano – el día más largo del año- se agradecen los beneficios de la cosecha con fogatas y danzas. Aunque en la actualidad estas festividades se han enriquecido con diversos ritos de renovación asociados también a los avatares de la vida urbana, como deseos de bienestar, salud, amor, juventud y fortuna, se conservan las alusiones originarias a la tierra, el sol, el fuego y el agua. Inspirándose en estos sentimientos populares, Carlos Sosa ha preparado un acto ceremonial en la realización de esta obra pictórica en las costas de New Hampshire, Estados Unidos, el 24 de junio de 1994, tal vez con la finalidad de evocar los poderes mágicos inherentes a la comunión corporal con los elementos básicos que rigen el cosmos. Luego de doce años de realizada Viernes 24 de junio, Sosa comparte con el público venezolano el sentido originario de esta experiencia: asumir la pintura como superficie vivible y visitable, debido a que se ha desplazado su función de “cuadro” para ser apreciada como ritual, e invita a reflexionar sobre los modelos valorativos que dominan la conducta cotidiana frente al orden social y natural, incluyendo las dimensiones del arte y la comunicación. Más que el resultado final previamente establecido, este trabajo enfatiza el proceso como una experiencia compartida y capaz de despertar en el público asociaciones con lo sagrado como relación vital con la naturaleza. La pintura Viernes 24 de junio exhibida sobre el suelo de la sala expositiva es una metáfora de la tierra como hábitat a redescubrir, pues registra los puntos cardinales a partir de un centro que simboliza la luz y el fuego. Los colores: amarillo, anaranjado, rojo y verde, fueron desplazados de manera equidistante y concéntricamente desde la periferia hacia el centro, sobre un fondo azul previamente definido, creando así una atmósfera cromática festiva. En este escenario Carlos Sosa invita hoy a experimentar diferentes vivencias sensoriales: musicales, meditativas, curativas y de encantamiento a partir de la activación de relaciones más corporales e intuitivas con la obra de arte como proceso reflexivo y celebratorio. |