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Carmen Hernández Coordinación de Artes Visuales - Fundación Celarg |
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David Acevedo: entre juego y fuego |
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La exposición Imaginarios urbanos del joven artista argentino David Acevedo se presenta en la Sala NG como parte de los objetivos institucionales de estudiar las producciones artísticas contemporáneas orientadas a reflexionar sobre los códigos visuales del arte y de lo social. David Acevedo también es conocido por su seudónimo “Armando Guerra”, que lo identifica con su labor de activismo político dirigido a la defensa de los derechos humanos en Argentina, que no está exenta de manifestaciones visuales que tensionan las fronteras del campo del arte. En la selección de los collages de la serie Suelo, sueños, juegos y fuego, realizados entre 1991 y 2007, se observa la constante reflexión sobre los valores culturales locales en el marco más amplio de referencias a la cultura clásica del arte, en escenarios donde destacan las edificaciones balaustradas, que no dejan de remitir al proyecto moderno de nación y sus respetivas instituciones. A partir del “reciclaje” de la sociedad de consumo de imágenes visuales, mayoritariamente publicitarias, Acevedo crea situaciones críticas de un absurdo teñido de referencias políticas. Redimensiona la tradición figurativa del arte argentino, con su fuerte influencia surrealista y de crítica social, para comentar situaciones contemporáneas, por medio de la yuxtaposición de imágenes de variada índole (encontradas en la calle) con textos alusivos al consumo nacional —de la dieta (la carne), del deporte (el fútbol), del folclore (la música gaucha y el tango). Sus personajes habitan espacios convulsos donde la argentinidad se presenta como una confluencia de intereses no ajenos a la oferta publicitaria más obscena o banal. Los textos asumen un tono de advertencia que sin embargo resulta ambiguo en sus asociaciones, como sucede en la pieza Acuérdate de olvidar, donde se han incluido las frases: “Somos hijos del rigor” y “no soy un tipo creativo. No invento, absorbo, trago”; “carme peligrosa” y “traviesas exuberantes”, entre una escena futbolística en donde un jugador agrede a otro a otro mientras el público aclama. En general, el sentido crítico de su trabajo apunta a que la trampa o la “maula” llega a formar parte de un sistema de valores “naturalizado” en la rutina cotidiana en las grandes urbes. El circo, el carnaval, el negocio, la fiesta y la frivolidad, son algunos de los temas tratados por Acevedo, en un tono irónico no carente de un sentimiento onírico. En El palacio de la Festichola, por ejemplo, se dan cita todo tipo de personajes, como la madre con su bebé en brazos, el jugador de fútbol, animales, varios desnudos femeninos (algunos famosos en la historia del arte) que conviven con personajes de las pinturas de Miguel Ángel y de Rafael Sanzio (como Adán en La creación y Platón en la Escuela de Atenas respectivamente), incluyendo a un grupo de militares frente a un posible prisionero (un hombre semidesnudo). Aunque las referencias al mundo clásico y a la historia del arte son recurrentes, la discursividad de estos collages apunta a la contemporaneidad como una realidad paradójica y sutilmente perversa, como se sugiere de manera más evidente en La maja y el diván, que inserta una imagen colonialista detrás de la figura de la Venus de Urbino de Tiziano (aquí recreada con una botella de champán apuntando a su sexo y recostada sobre alfombras orientales en una habitación moderna). También Acevedo rescata íconos artísticos locales, como el personaje Juanito Laguna creado por el pintor Antonio Berni. En su pieza Juanito va a La Rosada se observa que el trayecto a la casa de gobierno (en el fondo) se encuentra flanqueado de obstáculos, desde la señalética “no pase” hasta un fragmento de El taller del pintor de Gustave Courbet (pintura considerada manifiesto del realismo pictórico, pues el pintor aparece representando la naturaleza como la “verdad desnuda”). Tal vez esta pieza que recrea al niño pobre, habitante de las “villas miserias” de Berni, pueda ser interpretada también como un “manifiesto” estético-político sobre la sociedad argentina contemporánea, que se debate entre el olvido de un pasado inmediato y la lucha por reconstruir la memoria y alcanzar una justicia colectiva. Para David Acevedo el valor del “reciclaje” experimentado en sus collages como en su trabajo de activismo político, representa el sentido festivo de devolver a la calle o a la convivencia cotidiana, nuevas formas discursivas elaboradas con elementos de la sociedad de consumo “fallida”, encontrada como desecho. Además de conceptualizar sobre los procesos de producción y circulación del arte, David Acevedo o “Armando Guerra”, estudia el imaginario urbano contemporáneo latinoamericano, marcado por la nostalgia del proyecto civilizatorio de la nación moderna. De allí las constantes referencias a los íconos arquitectónicos clásicos como telón de fondo de una fiesta que se desenvuelve con sus propios ritmos en lo social, ritmos festivos y en constante renovación. |
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