Consuelo Méndez

Tierra había en ellos y
cavaron.
 
Cavaron y cavaron, así pasaron
su día, su noche. Y no alabaron a Dios
que, así oyeron, todo aquello quería,
que así oyeron, todo aquello sabía.
 
Cavaron y nada más oyeron;
ni se volvieron sabios, ni inventaron canción,
ni imaginaron lengua alguna.
Cavaron.   

Tierra había en ellos y

cavaron.

 

Cavaron y cavaron, así pasaron

su día, su noche. Y no alabaron a Dios

que, así oyeron, todo aquello quería,

que así oyeron, todo aquello sabía.

 

Cavaron y nada más oyeron;

ni se volvieron sabios, ni inventaron canción,

ni imaginaron lengua alguna.

Cavaron.   

Vino una calma, vino también una tempestad,
los mares todos vinieron.
Yo cavo, tú cavas y cava el gusano además,
y lo que allí canta dice: cavan ellos.
 
Oh uno, oh ninguno, oh nadie, oh tú:
¿Hacia dónde fue aquello hacia nada ido?
Oh, tu cavas y yo cavo y me cavo adonde tú,
y en nuestro dedo despierta el anillo.
 
Paul Celan, poema I del libro La rosa de nadie (1963)

Vino una calma, vino también una tempestad,

los mares todos vinieron.

Yo cavo, tú cavas y cava el gusano además,

y lo que allí canta dice: cavan ellos.

 

Oh uno, oh ninguno, oh nadie, oh tú:

¿Hacia dónde fue aquello hacia nada ido?

Oh, tu cavas y yo cavo y me cavo adonde tú,

y en nuestro dedo despierta el anillo.

 

Paul Celan, poema I del libro La rosa de nadie (1963)

Consuelo Méndez, Venezuela
Arquetipo 1
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Arquetipo 2
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Arquetipo 3

Consuelo Méndez, Venezuela

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