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Derechos culturales

Una plataforma institucional y jurídica para la transformación cultural

  Resumen 

Miércoles 13 de octubre, 5:00 pm , Sala C, Fundación Celarg

Ley de Cine. Análisis y propuestas
Román Chalbaud y Alberto Monteagudo
Moderador: Diego Silva

De izquierda a derecha: Diego Silva, Román Chalbaud y Alberto Monteagudo

Roman Chalbaud ofreció un recorrido por la constitución del escenario cinematográfico nacional y narró la experiencia de producción de su primera película Caín adolescente, en 1957, que fue un esfuerzo cooperativista muy fructífero. En general, trazó a grandes rasgos las constantes dificultades que han debido atravesar los cineastas para poder hacer realidad sus proyectos. En la medida en que se descubrió que el cine nacional era un negocio que representaba buenos ingresos para los distribuidores, los creadores fueron afectados. Cuando se aprobó la Ley de cine en el año 1992, fueron eliminados aquellos artículos que regulaban la parte económica y favorecía a los creadores. Muchas reivindicaciones se han logrado por el propio empeño de lucha de quienes trabajan en el campo cinematográfico, como el haber logrado el 6,6 % del ingreso de taquilla para inversión en el cine nacional, lo cual fue luego disminuido ya que Motion Pictures consideró que era un porcentaje muy alto.

La intervención de Alberto Monteagudo estuvo concentrada en alertar sobre los procesos de “industrialización” fundamentalista que, bajo el pretexto de estimular la creatividad competitiva, favorece los valores hegemónicos del mercado. El fenómeno de “industria cultural” se concentra en los valores mercantilistas y favorece la noción de “producto” y para ello, citó las palabras de Carlos Guevara Solana, asesor en la Asamblea Nacional quien en alguna oportunidad aseveró: “no se puede seguir teniendo una visión estrictamente cultural de una industria tan competitiva como es el cine, cuando se tiene esa visión sesgada de que el cine es una expresión cultural de los pueblos”.

Asumir los parámetros de la industrialización es asumir el objetivo mercantilista de la producción cultural como objeto mercadeable, lo cual atenta contra la visión de desarrollo endógeno que nos preocupa en los actuales momentos. En este sentido se hace urgente revisar la reforma de la ley que redactó el CENAC pues no se ajusta a las necesidades reales del campo cinematográfico. No se contempla el derecho de autor para el director, y no hay ningún artículo que considere el derecho de los espectadores o usuarios. En general, el poder decisorio en términos de derecho, está en manos del llamado “rating” que privilegia el lucro y desvirtúa el impulso que fue durante décadas el objetivo inspirador de las luchas de los cineastas y que diera importantes frutos: la consolidación de un cine de autor.

Las diferentes intervenciones del público giraron alrededor de la necesidad de crear mecanismo de integración del gremio y de unir esfuerzos en la revisión urgente de la reforma de la ley para que no sea aprobada en la Asamblea sin antes contar con el consenso de los propios afectados, es decir, los creadores y todo el personal técnico involucrado en la realización cinematográfica.

 

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