Presentación - Gallegos múltiple

Mirla Alcibíades

¿Por qué un homenaje a Rómulo Gallegos? ¿Acaso un escritor nacido en el siglo XIX tiene algo que decir a un país poblado mayoritariamente por jóvenes? ¿Qué nos ha cedido como heredad este personaje de nuestra historia? En la presente muestra múltiple se ambiciona desplegar lo fundamental del variado quehacer de un hombre dado a la vida en Caracas el 2 de agosto de 1884.

Para un venezolano de las últimas generaciones es probable que don Rómulo Gallegos sea únicamente una referencia que, con dificultad, asocie con Doña Bárbara. No puede tener mayor interés en esta figura porque no ha habido quien despierte en él la curiosidad por conocerlo. Pero, tal vez, si se le llegara a decir que va a entrar en el recorrido vital de un hombre que no fue sólo novelista sino que llegó a ser Presidente de la República; si por añadidura se le señala que desempeñó cargos de significación pública como los de diputado, concejal y ministro; si, además, se entera de que fue editor de revistas así como cuentista, ensayista, dramaturgo, maestro, profesor de bachillerato, conferencista; si descubre que también incursionó en la producción cinematográfica; si sabe de sus penalidades de exiliado político y de las penurias de índole económica que lo agobiaron; si advierte que fue candidato al Premio Nobel de Literatura en 1960; si llega a conocer que recibió el doctorado Honoris Causa otorgado por numerosas universidades de América Latina y de Estados Unidos; si, desde una perspectiva absolutamente humana, vivencial, se conmueve con el inmenso amor que le profesó a su esposa, un sentimiento que lo llevó a escribirle: «Si todas las cosas repetidas, fastidian, una sola cosa entre todo lo que aburre nunca cansa: amor, y jurar amor a cada instante»; tengamos por cierto que, después de saber todo esto, su punto de vista y su actitud frente a este venezolano de siempre cambiarán radicalmente.

Por eso, no es solamente al intelectual, al hombre de ideas, a quien el Centro de Estudios Latinoamericanos que lleva su nombre quiere homenajear en esta fecha. No es al escritor que prestó su figura de autor para identificar uno de los premios de novela más importante que se otorga en el mundo hispanohablante. Es a un venezolano que mantuvo la dignidad en momentos de tinieblas. El que aconsejó a su hijo con estas palabras de 1951: «A ti dejaré mi nombre, el apellido que mi padre me dejó sin mancha de conducta incorrecta y en cuya limpia conservación me he esforzado, a través de una vida en la que no han faltado tentaciones de cambiar dignidad por beneficios materiales».

Cuando murió el 5 de abril de 1969, se había demostrado a sí mismo, a quienes lo trataron directamente y a quienes nos acercamos a él a través de los numerosos textos que dejó escritos, que la grandeza se construye sobre principios indoblegables, como ése que enseñó a sus hijos y, por añadidura, a los jóvenes de entonces y de ahora.

Rómulo Gallegos durante un mitin, Barcelona, estado Anzoátegui, 6 de noviembre de 1947
Fotografía en blanco y negro
25 x 20 cm
Colección documental Museo Rómulo Gallegos, Fundación Celarg
Rómulo Gallegos y Pablo Neruda en la casa de Miguel Otero Silva, enero de 1959
Fotografía en blanco y negro
25,5 x 20,5
Colección documental Museo Rómulo Gallegos, Fundación Celarg

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