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Haximú

la constante impunidad

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Tapiete
Toba
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Yuqui
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Arapãso
Arara
Araweté
Aschaninka
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Fulní-ô
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Guaporé
Guaraní
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Waiãpi
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Yabarana
Yanomami
Ye'kuana
Yukpa

Los pemones insisten en su derecho al territorio
Denuncian asesinato de indígena a manos de efectivo del Ejército en la Gran Sabana
VANESSA DAVIES

Foto cortesía Francisco Elías Prada
Amigos y familiares de Miguel Lanz piden justicia


El pasado 28 de mayo, la Gran Sabana se pintó de luto y, a juzgar por las imágenes, de llanto. Tal como lo relató en la redacción de El Nacional el fotógrafo Francisco Elías Prada, ese día el dirigente pemón Miguel Lanz “fue asesinado por un sargento del Ejército, Jonathan Ortiz, que anteriormente lo había amenazado de muerte, en el contexto de las luchas libradas por los pemones para defender su derecho al territorio”.

En la denuncia introducida ante el Ministerio Público, Silviano Castro, indígena pemón y capitán de la comunidad indígena San Rafael de Kamoirán, narra que “aproximadamente a las 9:30 am, en la carretera que conduce del kilómetro 88 a Santa Elena de Uairén, el sargento Jonathan Ortiz materializó su amenaza de muerte contra Lanz, haciéndole un disparo con arma de fuego en la cabeza, en momentos en que la víctima se encontraba inconsciente, como consecuencia de los golpes que, previamente, su homicida le había propinado”. Francisco Prada alertó que Ortiz “se encuentra libre después de lo sucedido”. El caso fue notificado a organizaciones de derechos humanos como Provea y la Red de Apoyo.

Castro, en el mismo documento, advierte que “la muerte de Miguel Lanz tiene como motivo fundamental, a pesar de haber sido ejecutada por una individualidad, una política represiva del Estado venezolano contra la lucha de los pueblos indígenas”. El derecho a la cultura y a la tierra han sido “afectados gravemente por el otorgamiento de concesiones turísticas, forestales, mineras y, muy especialmente, por la construcción de la interconexión eléctrica Venezuela-Brasil”.

Prada, por su parte, puntualizó que la lucha de los pemones es “por el reconocimiento de sus territorios, con una visión muy diferente a la de los habitantes de las ciudades, y contra los megaproyectos que se intentan poner en práctica. La ratificación de los territorios sigue en una etapa de transición, pero los indígenas temen lo que pueda ocurrir porque continúa el hostigamiento por parte del Ejército”.

De acuerdo con el portavoz, el prometido estudio de impacto sociocultural para evaluar la afectación producida por el tendido eléctrico “nunca se realizó. Ni siquiera comenzó, aun cuando es una necesidad para diagnosticar los problemas de las comunidades”. Aunque es a partir de los resultados de esa investigación que plantearían medidas concretas, Prada asomó algunas exigencias de los pemones de San Rafael de Kamoirán: “Que el Ejército no entre a sus comunidades, que retire las alcabalas móviles y el fuerte Luepa de su territorio, y que cese el hostigamiento

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CHILE: PRISIONERA POLÍTICA MAPUCHE CONTINUA HUELGA DE HAMBRE

Familiares y amigos de los Presos Políticos Mapuche y la Coordinadora
Mapuche Arauco Malleco denunciamos una vez más el injusto encarcelamiento al
que en la actualidad están siendo sometidos 35 mapuche de las regiones
octava y novena, como resultado de la política represiva desarrollada por el
Estado chileno para proteger las inversiones que empresarios nacionales e
internacionales tienen en Territorio Ancestral Mapuche. Denunciamos que el
sistema judicial chileno, y su publicitada Reforma Procesal Penal no son más
que los mecanismos que tienen el poder económico dominante para continuar
acrecentando sus ganancias a costa de la pobreza y opresión del Pueblo
Mapuche.  Para ello no dudan en mantener procesadas y encarceladas a
personas de las cuales no existen pruebas acusatorias en su contra, y en el
mejor de los casos presentando rídiculas pruebas como son, por ejemplo,
afiches o manuscritos de dudosa procedencia, o los falsos antecedentes
proporcionados por sus "informantes" para acusarlos de "terroristas".

Nuestros familiares encarcelados han debido utilizar distintos medios de
presión para al menos ser escuchados, medios tan drásticos como es una
Huelga de Hambre como las realizadas en Traiguén, Angol o Temuco. Hoy día,
Angélica Ñancupil, Prisionera Política Mapuche cumple 30 días manteniendo
una Huelga de Hambre en el Centro de Reclusión Femenina de Temuco, para
exigir la agilización de todos los procesos judiciales y la inmediata
libertad de todos los Presos Políticos Mapuche.  Compartiendo su demanda
también nos preocupa que su estado de salud se deteriore por el solo hecho
de que el Ministerio Público quiera mantener su testaruda y absurda
acusación en contra de los mapuche encarcelados.  El Estado chileno debe
asumir la responsabilidad que tiene por el asesinato de Alex Lemún, por el
encarcelamiento de 35 mapuches actualmente y cientos que ya han pasado por
la cárcel, por la persecución de otros comuneros mapuche, por los
allanamientos en las comunidades y el temor que quiere infundir en el Pueblo
Mapuche, todo ello para dejar contentos a empresarios forestales, turísticos
o agricultores usurpadores.  ¡¡Libertad inmediata a todos los presos
políticos mapuches!! ¡¡Castigo a los asesinos de Alex Lemún!!

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Pueblos Indígenas  
Desalojo de los Pataxó de Bahia puede ocurrir a cualquier momento

Bahia   Brasil - Adital/ Cimi/ Informes PT - La situación de los indios
Pataxó Hã-Hã-Hãe en Bahia continúa siendo muy grave. A pesar de la victoria
parcial en el Tribunal Regional Federal de la 1ª región, cuando tres jueces
de apelación concedieron la suspensión a ocho de los 11 despachos de
reintegro de la posesión, una mega acción de la Policía Federal está
prevista para suceder en cualquier momento de hoy, día 20, o para este fin
de semana. Según nota del delegado de Ilhéus, Nelson Gaspar Pires Neto, la
acción contará con un contingente de 150 agentes de policía, siete delegados
y dos helicópteros.

En el caso que la Policía Federal  haga cumplir las tres acciones de
reintegro de la posesión que aún restan, deberá cercar las dos mil hectáreas
del área indígena, incluyendo cerca de tres mil personas. "Espero que  la
policía federal no vaya al área, porque no sabemos si vamos a conseguir
convencer a los parientes de acatar o si habremos de resistir como la
mayoría quiere", afirmó Agnaldo Pataxó, concejal municipal de Pau-Brasil.

En una reunión en el Ministerio de Justicia, el último miércoles, día 17,
que contó con la presencia de diputados federales, del presidente de la
Funai, de representantes del Ministerio Público Federal, Ministerio de
Justicia, Secretaría Especial de Derechos Humanos, Abogados Generales de la
Unión y del Cimi, los líderes dijeron que no saldrán de la tierra y que
morirían por su pueblo; "si la policía fuera para allá nosotros vamos a
enfrentarla y si es preciso vamos a morir" dijo Marilene, Cacique del
pueblo. Los diputados se comprometieron a movilizar a los representantes del
gobierno que actúan en la cuestión indígena, en el sentido de asegurar  los
derechos de los pueblos indígenas.

Las 11 acciones de reintegro de la posesión fueron concedidas por el juez
federal de Ilhéus, Pedro Holliday, a principios de mayo, a los hacendados
que ocupan la tierra Caramuru-Catarina Paraguaçu del pueblo Pataxó
Hã-Hã-Hãe, en Bahia. Esta semana, ocho de ellas fueron suspendidas. A los
otros tres despachos les fue negado el efecto suspensivo por el juez Leão
Aparecido Alves, siendo favorables los mismos a los hacendados Antonio
Carvalho Reis, Antonio Rodrigues y Matilde Dias Guimarães. El Ministerio
Público Federal y la Funai deberán apelar contra esta decisión.

El Consejo Indígena Misionero (Cimi) atribuye esta conquista parcial a la
presencia de líderes indígenas en Brasilia. Agnaldo Pataxó, concejal
municipal en Pau-Brasil, considera estas decisiones un avance en las
relaciones con los jueces de apelación, "inclusive después de la visita que
les hicimos algunos cambiaron de opinión. Fuimos y dijimos la verdad de los
hechos y los  que estaban con la posición de mantener la decisión,
terminaron siéndonos favorables", dijo. "Fue muy importante nuestra
presencia aquí, junto con el Cimi, para mostrarles nuestra realidad",
reforzó  Marilene, Cacique del pueblo.

Parlamentarios interceden

Diputados del PT, que integran el Frente Parlamentario en defensa de los
pueblos indígenas, participaron este miércoles de la reunión en el
Ministerio de Justicia que esbozó alternativas políticas y jurídicas para
procesos que amenazan con desamparar a más de tres mil indios Pataxó, en
Bahia.

En la reunión quedó decidido que se realizarán gestione por parte de los
parlamentarios junto a la Policía Federal de Brasilia y las instancias por
donde los procesos se tramitan: Tribunal Regional Federal de la 1ª Región,
Superior Tribunal de Justicia (STJ) y Superior Tribunal Federal (STF).

Además fue enviado al Presidente de la República, por medio de carta firmada
por veintitrés senadores, un pedido de mayor atención a la cuestión. Los
senadores llaman la atención acerca del duro contenido de los documentos
finales producidos en el seminario "Respeto a los Pueblos Indígenas" y en el
"Encuentro Nacional de los Pueblos y Organizaciones Indígenas de Brasil",
realizados respectivamente en marzo y abril de este año.

La carta reflexiona sobre el alarmante número de homicidios ocurridos en los
primeros meses de este año   un total de 15, número mayor que durante el año
2002 -  se lo relaciona directamente al problema de la tierra. "La no
demarcación administrativa de las tierras indígenas contribuye sobremanera
para el agravamiento de la violencia creciente que, lamentablemente, se
verifica en las tierras indígenas, victimando líderes y miembros de sus
comunidades", afirma la carta.

Recordando los compromisos históricos del Partido de los Trabajadores con la
causa indígena, los senadores piden esfuerzos del presidente de la República
para la creación de la Comisión de Política Indigenista y la inmediata
homologación de la tierra indígena Raposa/Serra do Sol, así como de todas
las demás, que esperan sólo la firma de Lula.

Para el Cimi, ante el grave cuadro acerca de la cuestión indígena, se hace
necesario y urgente la puesta en marcha de acciones movilizadoras de los
pueblos indígenas y de sus aliados para dar un punto final, a todas las
violencias y arbitrariedades sufridas por esos pueblos.

Los indios Pataxó

Las tierras Pataxó fueron demarcadas entre 1936 y 1938. Hace 20 años, sin
embargo, el gobierno estatal loteó gran parte del territorio, pasándolo a
propietarios rurales de la región. Desde 1980, 16 Pataxó de la región fueron
muertos a manos de productores rurales. Ninguno de estos crímenes fue
castigado por la Justicia hasta ahora.


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PERU: NUEVO HALLAZGO DE FOSAS COMUNES EN HUANCAVELICA
Elías Navarro

Gran consternación causó entre los pobladores de la provincia de
Churcampa, parte del departamento de Huancavelica, el hallazgo de fosas
comunes en el mismo lugar donde, en épocas de la violencia subversiva,
se instaló una base militar para supuestamente combatir el avance
terrorista. Tras tres horas de viaje, un equipo de LIBERACION, gracias
a informaciones recibidas por pobladores, se dirigió al lugar
denominado Arcopampa, a escasos metros de la misma ciudad de Churcampa.

Dos importantes testigos que en el año 1988 realizaban trabajos en el
interior de la base militar, por un periodo aproximado de dos meses,
informaron que los efectivos de la citada base arrestaban diariamente a
campesinos de las comunidades aledañas bajo la acusación de ser
miembros o colaboradores de los terroristas que operaban en esa zona.

Los informantes indicaron que estos detenidos ya no salían del cuartel
y que por el contrario eran sometidos a intensas torturas a
consecuencia de las cuales muchos perdieron la vida. "Una madrugada, en
el año 88, aproximadamente a la 1 de la mañana, trajeron a 15 personas
con los ojos vendados y enmarrocadas las manos. El capitán 'Lino' venía
por delante montado en caballo. Posteriormente ordenó que los detenidos
fueran torturados dentro de un pozo de dos metros y medio de
profundidad, luego los soldados los tapaban con calaminas y luego se
sentaban en ellas, hasta que los presos se ahogaban, luego los sacaban
muertos y los iban sepultando en un distinto e inmenso hoyo abierto por
otros detenidos en el interior de la base militar", dijo un testigo
cuya identidad se guarda en reserva para evitar posibles represalias.

Este testigo agregó que en aquella época se encontraban acantonados
cerca de 80 efectivos al mando de los oficiales de
apelativos "Lino", "Negro", "Noé", "Dante" y "Géminis", entre otros.
Estos testimonios y otros recogidos en el lugar de los hechos indican
que en la base existirían por lo menos cinco fosas, donde se
encontrarían sepultadas más de cien personas, entre varones, mujeres y
niños, que eran detenidos en cada operativo que realizaban los soldados
en busca de terroristas. Otro de los testigos claves, que por muchos
años guardó silencio para evitar correr la misma suerte de los
detenidos, indicó que en cada fosa habrían por lo menos 20
cadáveres. "A la mayoría de los detenidos los hacían cavar los hoyos,
luego se escuchaban tiros de FAL, con los que posiblemente los
asesinaban en masa, luego los arrojaban. A las mujeres, no los hacían
cavar ningún hoyo. A ellas las violaban. Dentro del cuartel tenían un
horno para hacer pan, cuyas cenizas arrojaban sobre los cadáveres,
posiblemente para evitar el nauseabundo olor", aseveró.

Los campesinos cuyos cadáveres se encuentran en las cinco fosas serían
procedentes de las comunidades Maraypata, Locroja, Chupas, San Mateo,
Uchubamba, Ticrahuasi, Ccaser, entre otros, que pertenecen a la
jurisdicción de la provincia de Churcampa, departamento de
Huancavelica, como también de Huanta, provincia del departamento de
Ayacucho. La base militar, ubicada a 104 kilómetros de Ayacucho, con un
área aproximada de 900 metros cuadros, sería del batallón Los Cabitos
Nro. 51, habría sido instalada desde el año 1984 hasta el 98 y
pertenecería a la central de Castro Pampa, ubicada en la provincia de
Huanta. Se encuentra en un terreno pendiente hacia la calle Ricardo
Palma, construido a base de adobe y piedra, revestido con yeso, que al
pasar los años ya se encuentra semidestruido.

Durante esa época, se habrían cometido horrendos crímenes contra los
derechos humanos en perjuicio de pobladores de toda esa jurisdicción.
Pasados más de 20 años de insana guerra interna y siendo los
departamentos de Ayacucho y Huancavelica los más golpeados, en los
últimos tiempos a menudo se vienen denunciando la existencia de fosas
en diferentes provincias de estos departamentos. Inclusive en
circunstancias casuales, los campesinos vienen hallando restos humanos
cuando labran sus chacras. Lo ocurrido en Churcampa es un caso especial,
toda vez que no ha sido común entre los hallazgos de este tipo que se
descubran fosas comunes precisamente al interior de una ex base militar.

Un caso similar sucedió el año 1998, cuando un oficial solicitó que el
entonces alcalde de la provincia, Alfonso Chávez Benites, prestara una
máquina aplanadora para realizar trabajos en el patio de la base.
Cuando el tractorista Gedeón Carbajal Gamboa realizaba los trabajos
sorpresivamente levantó restos de cerca de cinco cadáveres que habían
sido sepultados ahí. Ante esto el oficial ordenó a los soldados
desaparecer dichos restos y posteriormente amenazó al tractorista para
que guardara silencio de por vida.

En el interior de esta ex base todavía quedan huellas del anterior
funcionamiento de una escuela primaria. Cuando la construcción fue
tomada por los militares se amplió la construcción y fueron levantados
tres pabellones en los que tenían distribuidas las habitaciones y la
cocina. En uno de los pabellones se observa la existencia de una
especie de sótano donde se encuentra una de las fosas. En tanto las
otras fosas se encuentran en un distinto pabellón, disimuladas con un
falso piso de madera tipo parquet.

Este hallazgo viene a ser el quinto de una larga serie de confirmaciones
comenzada este año por LIBERACION cuando se halló una serie de cuevas
con gran cantidad de cráneos y diversos restos humanos en Huancasancos,
Ayacucho. En días recientes, un inocente campesino que realizaba
excavaciones para construir su vivienda a base de adobe e ichu en
Churcampa se topó con un hallazgo sorprendente al encontrar algunos
otros restos humanos sepultados, descubrimiento confirmado por el
equipo de LIBERACION.

Luego de este hallazgo, el equipo periodístico de este medio puso en
conocimiento de la Fiscalía Provincial de Churcampa todos los detalles.
La fiscal María Isabel Barreda Bernedo, al tomar conocimiento del caso,
se constituyó en el lugar y confirmó todo lo acontecido. Seguidamente
levantó el acta de verificación de la fosa ubicada al costado izquierdo
de la ex base militar, declarando la zona como intangible y
suspendiendo toda labor campesina. Del mismo modo, la autoridad ordenó la custodia policial permanente, iniciando una exhaustiva investigación del caso. Finalmente se conoció que las víctimas ejecutadas, cuyos cadáveres se encuentran sepultados en estas fosas, responderían a los nombres de Clementino Medina Huayta, Hugo Bustamante, Fortunato Yangali y Papacho Yangali, los mismos que fueron dados por desaparecidos durante el año 88.

El Juzgado de la provincia de Churcampa ordenó la detención del teniente EP, Chang García Zapatero, conocido como "Géminis", responsable de esta misma base militar durante el año de 1984, acusado por el anterior crimen de 8 personas en la misma jurisdicción. El citado oficial, al mando de un batallón de soldados, habría detenido en esa oportunidad a las personas del barrio conocido como Tara, para posteriormente conducirlas hacia una vivienda ubicada en el barrio conocido como Texas, donde luego de someterlas a intensos interrogatorios las habría ahorcado con sogas. Las víctimas de este otro caso fueron identificadas como Julio Carbajal, Justino Chávez Yance, Máximo Meléndez, Maura Castilla. La denuncia fue interpuesta por un docente que también fue detenido en el mismo grupo y logró escapar, para dar conocimiento a las autoridades.

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LIBERACIÓN, Lima 24-7-2001

Perú : ACCOMARCA SE REENCUENTRA CON SUS MUERTOS
Mariella Patriau

Los campesinos de Accomarca, el distrito ayacuchano, esperan justicia
desde hace casi dieciséis años. Este 14 de agosto se cumplirá un
aniversario más de la masacre que arrasó con más de la mitad de la
población del anexo de Lloqllapampa, a donde LIBERACION llegó este fin de semana para comprobar que el dolor y la impotencia no se agotan con el tiempo.

Llegar hasta Lloqllapampa no es una tarea fácil. Regresar, menos aún.
El camino desde Huamanga hasta Vilcas, la capital de la provincia de
Vilcashuamán, toma unas tres horas, aproximadamente. Desde allí, una
hora y media más nos separan de Accomarca.

Hasta ese lugar llegan los vehículos. A partir de entonces, hay que
cruzar, a pie, una montaña inmensa. Son, en total, una hora y quince
minutos de bajada, que no se extienden más de lo necesario, gracias a
la atenta guía de Daniel Palacios Quispe, uno de los comuneros de
Lloqllapampa que han decidido acudir a los periodistas para clamar por
justicia.

Durante la ruta, se nos unen Cesáreo Gamboa de la Cruz y Eusebio Baldeón Pulido, a quienes Daniel recoge de sus casas, enclavadas en medio de la puna. Los tres nos llevan, con el paso firme y la voluntad resuelta, hasta el lugar de los hechos.

Cesáreo y Eusebio son los dos testigos que le quedan a Lloqllapampa,
para reconstruir el pasado y señalar a los culpables. Vivieron, durante
diez años, ocultos en Lima, pues el Ejército los buscaba en Ayacucho,
para matarlos y asegurar su impunidad. Recién volvieron a ocupar sus
tierras en 1995. Mientras caminamos, nos cuentan la historia, desde el
principio.

En julio de 1985, llegó a la escuela primaria de Accomarca un profesor
proveniente de Huaraz. Como pertenecía a Sendero Luminoso, inició su
labor proselitista entre los comuneros de la provincia. Muy pocos lo
siguieron. Al final, en los primeros días de agosto, llegaron a ser
alrededor de quince los integrantes de la "escuela popular" fundada por
este maestro, a quien nunca se llegó a capturar.

Una patrulla militar, perteneciente al cuartel de Vilcashuamán, detuvo
a un integrante del grupo subversivo, quien confesó la existencia de la
escuela de senderistas, cuyo lugar de reuniones estaba ubicado muy
cerca a la comunidad de Lloqllapampa.

Esto le bastó al Ejército para sacar sus conclusiones apresuradas y
decidir hacia dónde dirigiría esa vez, sus fusiles. El 9 de agosto de
1985, la patrulla "Lince Siete", dirigida por el entonces subteniente
Telmo Hurtado Hurtado, llegó hasta la comunidad de Lloqllapampa. El
primero en verlos fue Eusebio Baldeón.

"Yo estaba arriba, en el pueblo -recuerda Eusebio-. Los senderistas nos
botaron para acá. Váyanse para la parte de abajo, nos dijeron, porque
van a llegar los militares y los van a matar. Nos botaron del pueblo.
Por eso, varios de los que ya no estaban en el pueblo han muerto aquí.
Aquí han muerto mis primos y mis hermanos".

Eusebio logró escapar de los militares. Oculto en uno de los cerros
aledaños, fue testigo de la masacre, de principio a fin. "Mataron a mis
carneros -cuenta Eusebio- y se los comieron. Al día siguiente se fueron,
tranquilos. El 13 vinieron a la feria y se quedaron hasta el 14. Allí
juntaron a todos, casa por casa. Los golpearon. Hasta las once de la
mañana los golpearon. Después los trajeron a toditos, los metieron en
la casa. Reventaron de balas, hasta granadas botaron tres veces. Casi
en hora y media han matado a toditos. Perdí a seis primos y a dos
sobrinos. Mi cuñada también ha muerto".

Sesentinueve personas, entre ellas, veintitrés niños, muchos ancianos y
algunas mujeres embarazadas, fueron asesinadas por Telmo Hurtado y su patrulla. Todos fueron distribuidos en tres grupos: el primero, el de
los niños fue encerrado en el ambiente principal de la casa de Cesáreo
Gamboa, el testigo más importante. El otro grupo, el de los hombres,
fue recluido en la cocina de la casa de Cesáreo. A las mujeres y a los
ancianos los llevaron a la casa de la suegra de Cesáreo, ubicada a muy
pocos metros de los otros dos recintos.

Luego de encerrarlos, descargaron toda la fuerza de sus fusiles FAL
sobre ellos. Minutos después, les lanzaron granadas. Al final, los
quemaron. El relato de Cesáreo produce escalofríos.

"Yo y mi esposa estábamos escondidos en las alturas del cerro -cuenta
Cesáreo, con los ojos sobresaltados-. Igual los agarraron a todos los
que estaban escapando y los reunían de todas sus casas, para traerlos
acá. Y acá los han empezado a torturar. Los golpeaban. Yo estaba
escondido en el cerro. Los soldados trajeron a la gente con engaños.
Les hacían arrodillarse para pedir disculpas. A los que encontraban por
allá, los mataban en el camino. Yo escapé con la ropa que tenía puesta,
nada más. Me escondí detrás del huaico y dejé a todos mis hijos. A
todos ellos los mataron y los quemaron".

Cesáreo perdió a sus tres hijos, de seis, ocho y diez años. Él y su
esposa los vieron morir, desde las alturas del cerro.

Uno vino a morir junto con sus hijos, porque no quería dejarlos solos
-recuerda Cesáreo-. Los soldados, después de haber quemado a toda la
gente, se fueron hacia Accomarca, salieron hacia el pueblo, pero desde
arriba siguieron disparándonos a los que habíamos escapado y volvíamos por el cerro. A1 señor Pastor Gómez lo encontraron en el camino y lo mataron. Nosotros lo enterramos debajo de este árbol".

Luego de la masacre, el Ejército abandonó el lugar. Fue entonces que los sobrevivientes -entre ellos Cesáreo y Eusebio- salieron de sus
escondites y bajaron a recoger los restos de sus parientes. Todos
fueron enterrados en distintas fosas. La más grande de ellas, situada
al pie de un árbol de avellanas, es la que los comuneros han decidido
abrir, para demostrar que no han olvidado nada de lo sucedido y que
siguen reclamando justicia y castigo para los culpables.

"Los cuerpos fueron trasladados, por pedazos, hasta la tumba abierta por nosotros mismos. Nadie dijo nada, nadie hizo nada para poder buscar la justicia. Todo quedó ahí, en el olvido", señala Cesáreo, quien junto con Daniel y Eusebio, inicia la triste tarea de reabrir la fosa común que alberga -entre otros- los restos de los tres niños que le mató el
Ejército.

Luego de diez minutos de cavar y cavar, aproximadamente a cincuenta
centímetros bajo tierra, empiezan a aparecer las primeras huellas
calcinadas. Vemos salir de la tierra una pequeña ojota, tal vez de
Agripina, la menor de las hijas de Cesáreo. Daniel la recoge con la
punta del pico y la posa sobre el montón de tierra que ya se ha juntado
al lado de la tumba reabierta. Afloran también ropas con los bordes
deshechos por el fuego y huesos frágiles y delicados, de niño.

Cesáreo, Daniel y Eusebio se dan de bruces contra el pasado. Cogen con sus propias manos los restos, con una naturalidad que sorprende. Los dedos del viejo comunero se hunden en la tierra y es como verlo besar a la hija muerta o acariciar las canas del padre anciano, a quien
rompieron las costillas a patadas, antes de quemarlo en una de las
casas. Entre lo que queda de los cuerpos, aparece un casquillo de FAL
que los soldados no alcanzaron a llevarse.

"Son sesentinueve campesinos, son sesentinueve vidas -reclama Daniel-.
Nosotros queremos que se castigue a los culpables. De parte de Sendero hubo culpables. Y los militares también son culpables. Los dos son culpables. Porque los militares pensaron que todo el pueblo era de
Sendero, creyeron que todos éramos terroristas. En eso se equivocaron,
se confundieron con los inocentes. Y los verdaderos culpables, al
saber, al presenciar a los primeros soldados, escaparon. Los paganos
fuimos los de la comunidad, los campesinos, las campesinas".

Los lugareños afirman que ésta no es la única fosa, pues aseguran que
aparte de las sesentinueve víctimas de la masacre de Lloqllapampa- hay
otras personas que también fueron asesinadas. "De Accomarca, por lo
menos, han asesinado a más de cien personas. A algunos sabemos dónde los han matado. De algunos no sabemos nada", nos explica Daniel, quien perdió a su padre el 14 de agosto de 1985.

"Mi padre se llamaba Albino Palacios Quispe -nos cuenta-. Él murió con
su esposa, Felícita Martínez Baldeón. A los dos los mataron acá, en
esta casa. Ellos ya eran mayores. Tenían setentiocho años. Teníamos una huerta en Carhuayacu. Mi padre solamente venía llevando su frutita a la feria, haciendo su negocio. De regreso, se encontraron con los
militares. Y creyeron que eran senderistas. Eso es lo que pasó con
muchos. Confundieron a muchos, muchos. Aquí han muerto todos los
inocentes. Aquí ningún culpable ha muerto".

En el local de la Base Militar de Accomarca, por ejemplo, los campesinos presumen que debe haber otra fosa común, abierta por los mismos militares. "En diez años, por lo menos treinta personas entraron allí y a ninguna se le volvió a ver jamás", nos cuentan.

El alcalde de Accomarca, Hernán Gómez Tecse, ha decidido unirse al
reclamo de los comuneros. Él recuerda el día en el que llegaron los
militares, un día antes de la masacre. "Es una situación muy
desgraciada, lamentable -comenta-. Aquí han muerto personas inocentes. Yo en esa época tenía once años. Perfectamente recuerdo haber visto llegar a los militares, porque pasaron por donde yo tenía mi choza. Los vi pasar, cuando ellos llegaban, el 13 de agosto de 1985".

Accomarca es uno de los lugares más olvidados de nuestro país. No hay plata para comer ni para promover el desarrollo. El distrito es
considerado un "municipio menor", lo que significa que no recibe ni un
sol del fondo de compensación municipal. Es fácil deducir entonces en
qué prioridad se encontrarán, en esta pobre ciudad, los derechos
humanos.

"Nos hemos acercado a instancias superiores y organizaciones de derechos humanos, pero lamentablemente no hemos sido escuchados -denuncia el alcalde-. Los gobiernos de turno no nos toman en cuenta, no nos valoran. Es como si no quisieran remover nada, como si quisieran que todo quedara como está. Eso ha hecho también que los campesinos dejen de creer en los gobiernos. Aquí han venido diputados famosos. Olivera y Valle Riestra han pisado esta tierra, pero desgraciadamente, ¿qué cosa hicieron para la gente? nada".

Lejos de hallar justicia, los comuneros de Accomarca han debido soportar afrentas tan grandes como la impunidad de Telmo Hurtado Hurtado, su verdugo. Entre 1985 y 1996, Hurtado pasó de ser sub teniente, a convertirse en mayor del Ejército Peruano. Luego de la matanza que dirigió, debieron transcurrir seis años para que el Consejo Supremo de Justicia Militar decidiera condenarlo. Sin embargo, la pena y el delito resultaron ridículos: siete años de prisión por abuso de autoridad.

Aunque parezca increíble, ni siquiera esa exigua condena fue cumplida,
pues Hurtado fue favorecido -junto con el grupo Colina- por la Ley de
Amnistía, en 1995. Luego de esto, continuó en el servicio activo hasta
1999, año en el que el Instituto de Defensa Legal denunció que Hurtado
se desempeñaba como coordinador de la Base de San Ignacio con los
comités de autodefensa, en la Sexta Región Militar.

Los comuneros de Accomarca han esperado dieciséis años por la justicia que siempre se les negó. Han vivido atemorizados, amenazados por quienes mataron a sus familiares, escondidos en ciudades que les eran ajenas.
Hoy se han librado del miedo y la rabia les alcanza todavía para
desenterrar a sus muertos y exigir -ante la contundencia de las
evidencias- que alguien ponga las cosas en su sitio: los criminales en
la cárcel, sería un magnífico comienzo.

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REDH (Red Solidaria por los Derechos Humanos)
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Carlos D. PÉREZ
Moderador