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La ingravidez de la imagen |
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Rodrigo Benavides Director, Núcleo Fotosensible, talleres de fotografía. www.fotosensible.org |
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Esta experiencia, que presentamos en el marco de la celebración del sexto aniversario de actividades docentes del Núcleo Fotosensible, Talleres de Fotografía, constituye un ámbito poco conocido por el público de nuestro país. Por medio de técnicas especiales de luz y una dinámica que promueve el ejercicio de la imaginación –técnica puesta en práctica por algunos fotógrafos ciegos de varias partes del mundo–, se accede a momentos que parecen extraídos directamente de los sueños que tienen lugar en la mente humana.
Los alumnos que han cursado en nuestra institución el «Taller invidente: la figura humana», dictado por la fotógrafa Sonia Soberats –venezolana con residencia en Nueva York y también invidente–, han expresado el impacto emocional que ha generado en ellos las infinitas posibilidades de estas imágenes únicas e irrepetibles. Muy particularmente han manifestado la profunda huella que ha dejado en su interior la enseñanza de vivir las realidades e implicaciones inherentes a la discapacidad visual.
La muestra presentada es el resultado de la experiencia ofrecida tanto a un grupo de invidentes, que conforman la Asociación Nacional de Ciegos de Venezuela, como a videntes cuyos ojos fueron vendados para sentir la experiencia de la oscuridad. Hemos entendido, a través de estas vivencias, que las fotografías así construidas se convierten, felizmente, en un valioso eslabón que comunica las necesidades expresivas de los expositores con la necesidad de estímulo y aliento de quienes, por diversas razones, han perdido su capacidad de ver lo que tienen a su alrededor.
Más allá del primer impacto que generan estas imágenes, se suceden una serie de cuestionamientos por parte del espectador. Algunas inquietudes individuales se traducen en representaciones alusivas al pasado y al presente. Los recuerdos juegan un papel fundamental en el continuum de estos procesos lineales y consecutivos, allí donde la imagen resultante suele ser fértil para la ficción. Todo este proceso parece una paradoja en cierta medida equivalente a lo que ocurre con la película fotográfica analógica, la cual registra imágenes de escenas o situaciones que tienen lugar en el exterior –iluminado–, que viajan, a través del lente y por medio de la luz, hacia el interior de la cámara –en oscuridad total. Los ciegos hacen, por el contrario, el viaje al revés: visualizan en el interior –de sus mentes– lo que captarán en el exterior –por medio de la cámara. Hasta cierto punto, podría decirse que sus experiencias transcurren en negativo, es decir, captan fotográficamente lo que se observa desde el otro lado del espectro lumínico. Tal como sucede en el espacio exterior, donde la oscuridad lo es casi todo, aquí se palpan fotografías ingrávidas y la mente que las puede imaginar. |