La vida es un cómic 1.2

Carolina Rodríguez

“Los seres humanos están interesados en dos cosas.

Están interesados en la realidad y en contarla”

Gertrude Stein 

Todos necesitamos historias y algunos sentimos la urgencia de expresarlas. A veces usamos un papel y lápiz, y otras sólo un teclado o ratón. Nos la pasamos contanto y narrando y a veces parece que hasta vivimos de ello. Quien sostiene que la realidad es una ficción que construimos a nuestra manera  y que lo mejor que podemos hacer es liberar la imaginación y salir de nuestros propios roles, hoy podrá disfrutar de esta pequeña muestra de narraciones ilustradas como una iniciativa de Zuplemento con el apoyo de Cómics Mitos Urbanos por difundir el lenguaje de la historieta local.

Séptimo, octavo y noveno arte. Después del cine y la fotografía, imagen en movimiento e imagen fija, parecen haberse puesto de acuerdo los que saben y con ello la historieta gana un lugar entre los afectos al arte. Apasionantes relatos dibujados de ficción o espléndidas crónicas periodísticas; perturbadoras obras de una plasticidad exuberante o divertidas sátiras y humor. Como arte secuencial, narra, tiene poder de transmitir imágenes y contar historias. Es hijo cinematográfico y hermano literario que como lenguaje maneja su propio código:

“¿Quién no entiende que un personaje con un bombillo ha tenido una idea “luminosa? ¿O que uno con estrellas girando a su alrededor ha recibido un golpe lo bastante fuerte como para verlas? Y eso por no hablar de los arquetipos del héroe con su escudero, el de la heroína en peligro, o el del superhéroe conflictuado con sus dos personalidades. Querámoslo o no, a estas alturas del juego todos estamos imbuidos de cómic y el cómic está imbuido de nosotros. Recuerdo al Superlópez de Jan decir: “la vida es un cómic” y quizás nuestro efímero tránsito por esta esfera no sea más que una sucesión de cuadritos magistralmente dibujada para el divertimento de Dios, Alá, la Energía Cósmica; cualquiera que sea la denominación que usted, querido lector, prefiera”.[1]

La vida es un cómic, gracias a esas palabras del Superlópez, y parafraseo de Florencio Quintero, hoy se presenta como una pequeña muestra de  autores vinculados por un gusto común: el contar situaciones, pensamientos, mundos, realidades e historias con imágenes y palabras plasmadas de tinta, lápiz, creyones, e impresoras.

Tras décadas de forcejeo para su reconocimiento cultural, el cómic, la historieta, el tebeo, el manga, la Bande Dessinée (B.D.), fumetti o  quadrinhos, sea cual fuere su lugar y denominación como arte secuencial[2] o narración gráfica, ha dado un salto definitivo para situarse en otros espacios con pleno derecho. La sociedad actual ha ido modificando la baja consideración que tenía del cómic visto como un subproducto de la cultura popular de masas o como un arte menor producido por unos cuantos nerds y poco a poco ha tomado espacios, robado intereses, deglutido influencias y creado nuevas propuestas en las cuales Latinoamérica viene con paso fuerte desde creaciones como la argentina, chilena o brasileña.

Para Venezuela, así como para algunos países latinoamericanos, el desarrollo de la prensa masiva de finales del siglo Xix significó la incorporación de la historieta como un componente facilitador de la divulgación de mensajes a público poco habituado a la lectura, y su aparición dentro del periodismo venezolano es la clave para su inicio en la misma época. Para el momento actual de inicativas de cómic nacional, es imperante la necesidad de espacios de reconocimiento de historia y trayectoria, pues el pasado permite valorar nuestro presente creativo y aclarar panoramas que desde la base nos hacen entender nuestro propio discurso. En este sentido, se podría hablar de tres tiempos importantes para la narración gráfica nacional, que implicarían el asentamiento de unas bases o fundaciones (1880-1960) con el humorismo gráfico y la sátira, el inicio o la formación de una historia (1970-1980) con publicaciones como el Sádico ilustrado y la revista Clips; y finalmente, el movimiento intermitente actual (desde 2000).

De la mano de las publicaciones más significativas de principios y mediados del siglo xx, podemos plantear un espacio que sirvió de plataforma para ilustradores, caricaturistas y humoristas, base del cómic en nuestro país: La linterna mágica, Caricaturas, Nosotras, El Morrocoy Azul, El gallo pelón, Cascabel, El tocador de las señoras, Dominguito, El Foforo, El imbécil y Coromotico son algunos de los títulos que dejaron huella en la producción gráfica de ese entonces. Es con Leoncio Martínez (Leo), uno de los intelectuales, ilustradores y humoristas de mayor influencia de la época, creador de la revista Fantoches (1923), con quien se viene a establecer el documento más fidedigno de la época gomecista anunciando el nacimiento de la caricatura en Venezuela. Leo publica su famoso personaje Pinocho y junto a Francisco Pimentel (Job Pim), Miguel Cardona (Quelus), Luis Guevara Moreno, Pedro León Zapata (P.P.), Carlos Cruz-Diez, Carlos Galindo (Sancho), Teodoro Arriens (Churucuto), Claudio Cedeño, Humberto Muñoz, Gabriel Bracho y Régulo Pérez, conformaron el primer gran movimiento de ilustración y caricatura política, viñetas de corta extensión e inicios de la narración gráfica en nuestro país.

En un salto hasta los años setenta, ya en los años de formación, nos debemos  remitir a la revista El sádico ilustrado, iniciativa de Pedro León Zapata, uno de los caricaturistas e ilustradores más prominentes de Venezuela. Zapata propuso, y en buena medida lo logró, actuar como motor y eje de un proceso de convergencia de creadores de alta talla intelectual. Su gran fuerza a nivel de contenidos literarios y humorísticos, una de las fuentes de la ilustración y las viñetas hasta el momento, trajo como consecuencia la inserción de trabajos de gran calidad, tanto en las ilustraciones como en el contenido de las narraciones. Periódicos como El Nacional, Últimas Noticias, El Mundo, Diario 2001, Élite y El Universal comenzaron a publicar los trabajos de ilustradores como Zapata, Abilio Padrón y Régulo Pérez, todo esto continuando con el humor gráfico expresado en una o dos viñetas.

Se podría decir que en Venezuela el predominio y la preferencia hacia la caricatura sobre el cómic pudiera tener, así mismo, vinculación con una característica de la sociedad y la cultura en la cual se destaca el predominio de la oralidad, el humor, el chiste y la parodia como formas expresivas para referirse a acontecimientos o personajes donde la inmediatez es una constante notoria. La caricatura está, en este sentido, más vinculada al acontecer cotidiano e inmediato que da proximidad a los personajes y los hechos y es por ello que en 1980 se publica, por primera vez, en el Diario de Caracas en formato de comic strip o historieta en pocas viñetas, El Náufrago de Jorge Blanco. En palabras del mismo Zapata, El Náufrago “cargó con la enorme responsabilidad de des3ermundizarnos” y logró calar en el colectivo de lectores gracias a la magistralidad con la que resolvía sus historias casi autobiográficas. Esto generó un cimiento de gran fortaleza para el desarrollo de Clips, la primera revista de cómic o historieta gráfica de Venezuela publicada años más tarde, en 1986. Fue un espacio para ilustradores no conocidos y emergentes como: Carlos Eduardo Troconis (Cayayo), guitarrista y compositor de Sentimiento Muerto; Rodolfo Hernández, Mauricio Lemus, Jesús Rodríguez, Walther Sorg, Teddy Thomas, Edgar Jiménez, Ramón Vargas, Felipe Ching, Marcelo Ávila, Raúl Ávila, Ángel Fernández, Alberto Monteagudo, Laura Liberatore, Gustavo Aponte, Rodrigo Flo, Jesús Barrios, Gil Antonio Sanson, Víctor Casas, Luis Miguel Marquez, José Pereira y Juan Carlos Darias, entre otros. Ocho números publicados en dos años, historias en varias entregas, personajes como Yarba, Jhonny and Jimmy, La Durmiente del Ávila y Lisita se desarrollan en varias entregas hasta su octava edición, luego del segundo año de estar en circulación y en el cual desaparece.

Nuestra historieta ha estado plagada de discontinuidades y publicaciones aisladas, pero de gran calidad. A partir de ese momento cesaron las publicaciones y vemos activada la búsqueda de avivar el movimiento con salones y exposiciones como El Primer Salón de la Historieta Caracas Cómic (1996) y Comicgrafías (1998), iniciativa de la Galería de Arte Contemporáneo Tito Salas, en los que vemos surgir nombres como Hernán Mejia (Mad Magazine).

Como ruptura del movimiento intermitente, en 2000 surge la revista Venezuela en Cómics, Iniciativa de la Escuela de Historieta López Acosta y aún en circulación hasta la actualidad. Allí publican autores de trayectoria como Rodolfo Hérnández, José Lara, Jesús Torrealba, Hernán Mejía y Borlo. A esta publicación se le suma el proyecto impreso y exposición Cómics Mitos Urbanos (2005), que se dedica al estudios de personajes, la compilación de memoria oral con énfasis en la divulgación de historias locales y autores latinoamericanos. Ha desarrollado Machera, el Santo malandro, Dr. Knoche, historia oculta del Ávila y se encuentra en preparación de María Lionza, la Reina de Sorte. Zuplemento (2005) se establece paralelamente con características de publicación digital y retoma el comic strip (cómic en pocas viñetas) como su formato de publicación on line. Llega a publicar su primer número en el año 2005 y a partir de entonces se dedica a difundir la cultura del cómic internacional y nacional por Internet, a través de El Suplemento de Zuplemento, e-zine que llega a su edición nº 100 durante el transcurso de esta exposición. De la mano de estas dos publicaciones (Comics Mitos Urbanos y Zuplemento) podemos conocer autores como: Florencio Quintero (FL), Miguel Salguero (Mk), Alfredo Rojas (AL), Sergio Almendro (Ze), Carlos A. Etcheverry, Miguel Centeno, David Bisbal, Rafael Marquina (El Rafa), Leonardo González (Leo), Arturo Marquina, Juan Salas, Iván Santiago, Nathaly Bonilla, Luis Molina, José Lara, Vanessa Balleza, Mauricio Lemus, Mario Sémeco, Petraelena Sánchez, Alexandra Castellanos, R. A. Winkelmann, Javier Otero (Javo01), Analí de Sousa, Sammy Rodríguez y Jesús Torrealba, quien además es uno de los pocos ilustradores, junto con Omau (Osvaldo Barreto), que publica independientemente en formato fanzín totalmente autogestionario.

Actualmente, el cómic se encuentra en su momento latente, con impulsos y propagación de cultura de cómic nacional. Clips quiere retomar su novena edición de la mano de autores como Walter Sorg, a través de medios alternos a las publicaciones impresas como el Facebook y la Internet. La búsqueda, de los grupos mencionados anteriormente, hacia la creación de un movimiento más expansivo y potencial para las ventas, persigue una sustentabilidad aún incipiente en el campo del cómic nacional, pero afianzada por la inclusión de escuelas o institutos, como el Instituto de Diseño de Caracas, la Escuela de Historietas López y Acosta, el Instituto de Diseño Perera y el Darias, herencia de ilustradores de cómic del movimiento que generó Clips en los años ochenta.

La inexistencia de casas editoras de este género ya establecidas, a excepción de la incipiente formación de Comics Mitos Urbanos, genera la autogestión como salida y la necesidad de contar con mayor tiempo para conseguir apoyos estables, así como un desconocimiento de autores y artistas con talento. La fuga constante de algunos de los mejores autores al extranjero o a otras áreas mejor pagadas, influye en que el lenguaje de la historieta siga regenerándose constantemente, muchas veces sin afianzarse totalmente, pero con la esperanza de hacerlo algún día. Sin embargo, se mantiene una trayectoria, panorámicamente planteada en este escrito, y grupos o individuos se encuentran propiciando  el desarrollo de una cultura de cómic que busca sostenerse a través de proyectos de índole didáctica o simplemente de entretenimiento.

La vida es un cómic muestra hoy, a través de la mirada de veinte  autores de estilos, técnicas y procesos diversos, una forma más de incentivar sus miradas hacia este lenguaje. De la poesía visual, narración silenciosa a realidades sociales, individuales o viñetas de humor e influencia manga, esta es una muestra heterogénea que quiere ir limando asperezas del cómic como arte marginal  y crear nuevas orientaciones de la lectura visual. 

Notas
 


[1] Florencio Quintero.

[2] Recibe la denominación de arte secuencial por parte de Will Eisner, uno de los autores más interesantes del cómic norteamericano durante décadas y uno de los teóricos más lúcidos del medio. “En su definición más básica”, explica Eisner, “los comics se sirven de una serie de imágenes repetidas y símbolos reconocibles. Cuando éstos se usan una y otra vez para dar a entender ideas similares, se convierten en un lenguaje o, si se prefiere, en una forma literaria. Y es esta aplicación disciplinada la que crea la gramática del arte secuencial”.

Fuentes bibliohemerográficas:

Hernández M. Roberto (1981). “La irresistible ascensión de Zapata”. El Nacional, Caracas.

Nazoa, Aquiles (1972). Los humoristas de Caracas. Caracas, Monte Ávila Editores.

Otero Silva, Miguel Otero (1981). Un morrocoy en el infierno. Caracas, Editorial Ateneo de Caracas.

Producciones Clips  (1986 -1987). Revista Clips, 1-8, Caracas.

Torres Ildemaro (1980). Humorismo gráfico en Venezuela. Caracas, Ernesto Armitano Editor.

(volver)