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Lista de obras |
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Buena Memoria, 1996
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1 1er Año, 6ta División, 1967 de la serie Los compañeros, 1996 Gigantografía intervenida 121 x 177 cm |
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El proceso de trabajo Cuando regresé a la Argentina después de muchos años de vivir en España, acababa de cumplir cuarenta y quería trabajar sobre mi identidad. La fotografía, con su capacidad exacta de congelar un punto en el tiempo, fue mi herramienta para hacerlo. Empecé a revisar mis fotos familiares, las de la juventud, las del Colegio. Encontré el retrato grupal de nuestra división en primer año, tomado en 1967, y sentí necesidad de saber qué había sido de la vida de cada uno. Decidí convocar a una reunión de mis compañeros de división del Colegio Nacional de Buenos Aires para reencontrarnos después de veinticinco años. Invité a mi casa a los que conseguí localizar, y les propuse hacer un retrato de cada uno. Amplié a un gran formato la foto del 67, la primera en la que estábamos todos juntos, para que sirviera de fondo a los retratos y pedí a cada uno que llevara consigo para el retrato un elemento de su vida actual. Seguí retratando a los compañeros del curso que no vinieron a la reunión, pero la foto grande no podía transportarse. Llevaba conmigo pequeñas copias de la imagen para incluir en esos retratos, que se realizaron en Buenos Aires, en Madrid, en Robledo de Chavela (España) y en Nueva York. Más tarde se organizó un acto para recordar a los compañeros del Colegio que desaparecieron o fueron asesinados por el Terrorismo de Estado* en los años negros de la dictadura. Después de veinte años, las autoridades del Colegio aceptaron por primera vez que recordáramos oficialmente en el Aula Magna a los que faltan. Fue un hecho histórico. Resolví trabajar sobre la foto grande que me había servido de fondo para fotografiar a mis compañeros de división y escribir encima de la imagen una reflexión acerca de la vida de cada uno de ellos. La misma se completó posteriormente con un texto más extenso que acompaña los retratos. Como parte del acto, se armó una exposición de fotos de la época, para transmitir con imágenes a los actuales alumnos del Colegio lo que había pasado. Las fotos eran algo que quedaba de los noventa y ocho compañeros, una herramienta para convertirlos en personas concretas, próximas. Debíamos saber de qué y de quién estábamos hablando. Decidí incluir en la muestra fotográfica la foto grupal de 1er Año, modificada con mis textos y los retratos actuales de mis compañeros. Las fotos permanecieron expuestas en el Colegio durante unos días. La luz cenital del sol que atravesaba los enormes ventanales del claustro daba en la cara de los estudiantes que se detenían a observar, y producía un reflejo sobre el vidrio que protegía la foto intervenida. El retrato de esos reflejos constituye una parte fundamental de este trabajo, ya que representa el momento de la transmisión de la experiencia entre generaciones. Terrorismo de Estado: “El ejercicio criminal del poder supremo del Estado, sin estar sometido a control alguno, mediante un sistema organizado y alentado desde sus estructuras para el logro de sus fines es lo que se ha dado en llamar Terrorismo de Estado. Esta clase de terrorismo no es de manera alguna equiparable al terrorismo ejercido por personas o grupos, como se pretende desde ciertos sectores del espectro político nacional. La razón es muy sencilla: si soy agredido en mis derechos, libertades o propiedad por otro individuo o por un grupo, siempre me asiste el recurso de acudir a las fuerzas públicas de que dispone mi Estado para mi defensa. Por el contrario, si la agresión parte de las mismas fuerzas públicas, entonces mi estado de indefensión es absoluto, puesto que no existen instancias superiores para mi resguardo dentro del Estado. De ahí que el grado de criminalidad que importa este terrorismo sea mucho mayor que el que pudiera ejercer grupo alguno”. (En Daniel Frontalini y María Cristina Caiati, El mito de la guerra sucia, Buenos Aires, Cels, agosto de 1984.) |
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2 Puente de la memoria de la serie Los compañeros, 1996 Cibachrome 54 x 36 cm |
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3 Puente de la memoria de la serie Los compañeros, 1996 Cibachrome 34 x 54 cm |
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4 Puente de la memoria de la serie Los compañeros, 1996 Cibachrome 34 x 54 cm |
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5 Martín, mi amigo de la serie Los compañeros, 1996 Fotografía en blanco y negro 21,2 x 20,3 cm Podíamos ser fotógrafos |
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6 Marcelo tomando una foto a Martín de la serie Los compañeros, 1996 Fotografía en blanco y negro 17 x 17 cm Podíamos ser fotógrafos |
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7 De la serie Apariciones, 1996 Fotografía en blanco y negro 30 x 40 cm Antonio patea un penal en la final del campamento de fútbol de segundo año del Colegio en 1968, que nuestra división ganó por 2 a 1 a la 10ma. división de segundo. Nosotros, con camiseta lisa. De izquierda a derecha: Claudio, el Colo, Pablo, Antonio que patea, yo agachado, Martín con las manos en la cintura y Álvaro con camiseta blanca. Los de la 10ma., con camiseta a rayas. |
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8 Martín, mi amigo, 1976 Fotografía en color 35 x 52 cm Esta es la última foto de Martín. Está navegando con sus viejos por el río Luján, en el delta del Paraná, en 1976 |
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9 Fernando en La Boca de la serie Nando, mi hermano, 1964-1970 Fotografía en blanco y negro 44 x 35 cm
Con esta foto de mi hermano, mi mamá empezó y terminó su carrera fotográfica. Pintora y escultora, Sara decidió estudiar fotografía y se anotó en los cursos del Fotoclub Buenos Aires. En un concurso tema “La Boca”, ganó el primer premio con esta imagen. Nando está sentado en un teatro vacío al aire libre. Mira a mamá serio y concentrado, en un gesto característico. Al enmarcar la foto mi madre le agregó una medalla. No es la que ganó con el premio del Fotoclub, sino una que ganó Nando en una carrera de natación. Es una imagen con doble premio, y merece encabezar este capítulo dedicado a mi hermano, que podría haber tenido muchos más. |
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10 Fernando en la pieza de la serie Nando, mi hermano, 1964-1970 Fotografía en blanco y negro 35 x 35 cm Esta foto de mi hermano es una de las primeras que hice en mi vida, con una cámara antigua que me regaló mi viejo. Estamos en nuestra habitación compartida. Su rostro aparece desdibujado. Su movimiento, hoy ya inexistente, lo hace difuso ante la lente. Las fotos de la pared, en cambio, soportan mejor la exposición prolongada. Es la mejor foto que me queda de él, de cuando vivíamos juntos. |
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11 Family Heroes de la serie Nando, mi hermano, 1964-1970 Montaje de cuatro impresiones cybachrome 122 x 120 cm Family Heroes: Family es una foto que tomé en un cementerio de Nueva Inglaterra en 1986. Es la tumba de una familia cualquiera. Heroes la tomé en Nueva York en el mismo viaje. Me interesan particularmente los hombrecitos voladores de la parte inferior de la imagen, dibujados en la pared. El modo en que se reflejan en la ventana se relaciona para mí con la forma en que los héroes permanecen en la memoria colectiva. Los transeúntes, mezclados con los héroes, pasan por las calles de la ciudad arquetípica, ignorándose. En cierta forma, todos yacen bajo el mismo sepulcro otoñal. Si bien ambas imágenes formaron parte de Palabras, un trabajo fotográfico de 1986, la unión de ambas en una misma obra ocurrió diez años más tarde, y se convirtió en el primer homenaje fotográfico que hice a mi hermano. |
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12 El río de la serie Nando, mi hermano, 1964-1970 Cybachrome 125 x 190 cm Al río los tiraron. Se convirtió en su tumba inexistente |
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13 Los tres en el bote de la serie Nando, mi hermano, 1964-1970 Fotografía a color 40 x 61 cm
En primer lugar, Fernando. En equilibrio, al fondo, mi hermana Andrea. Mis viejos timonean, sacan fotos y van de pasajeros mientras nosotros remamos. Estamos en el Gambado, un fin de semana en el Tigre. Salir en botes juntos era la actividad familiar por excelencia. Aunque esas salidas fueron ocasionales, el Río nos quedó adentro. Nos acostumbramos a sus aguas oscuras, a no zambullirnos de cabeza porque podía haber un tronco flotando bajo el agua. |
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14 Un espacio al olvido, 1997 Video Dirección: Sabrina Farji Duración: 5’, con sonido |
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15 Rosario Suárez y Marcelo Brodsky Puente de la memoria, 1997 Video Duración: 2’30” con sonido |
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Memoria en construcción, 2005 |
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16 La camiseta. Nando en la ESMA. Foto obtenida del Archivo del Juzgado, Buenos Aires, 2005 Cybachrome 37 x 35 cm La camiseta La fotografía no tiene fin. La imagen que había conseguido reconstruir, el retrato de mi hermano de los hombros para arriba detenido en la ESMA resultó estar incompleta. Durante la visita que realicé con Víctor Basterra al Juzgado Numero 12, donde se tramita la causa ESMA, Víctor reclamó su derecho a revisar el expediente para ver las pruebas que él mismo había aportado. El primer expediente que vimos mostraba sólo fotocopias. Pedimos los originales. Aparecieron. Y la foto estaba allí, pero completa. De los hombros continuaba hacia abajo, hacia la cintura. Y se veía la camiseta. Una prenda desgarrada, irregular, básica. Una camiseta mínima, arrugada, envolviendo un cuerpo púber después de una sesión de tortura. Los hombros se ven jóvenes, cruzados por las tiras de la prenda. (los tiempos en la fotografía se superponen, continúan). La indefensión y al mismo tiempo la belleza de la juventud, asomando entre los trozos de tela tras la paliza. El rostro un poco desencajado, pero aún íntegro. La fotografía amplía, agrega información. Tiene pequeños detalles tan irrelevantes como reales. Permite vislumbrar los pasadizos oscuros que llevan a la pared contra la que se hizo, los ruidos de las cadenas arrastradas al caminar, los grilletes...(otra foto muestra las marcas en las muñecas de las cuerdas de amarrar, en una mujer joven, hermana de otro). El ligero abrigo que da la camiseta viste al cuerpo en su dolor, lo marca. No es un cuerpo desnudo. Recuerda el taparrabos de otro torturado, en la cruz. Y los pañuelos. Géneros blancos en lugares distintos, retazos. Me cuentan que hacía gimnasia en la celda, un espacio similar a un chiquero para criar chanchos - convinimos en la charla con Basterra-, con paredes de apenas un metro de alto. Un lugar rectangular, pequeño, del tamaño de una colchoneta, por el que apenas se podía asomar la cabeza. Allí mismo hacían lo posible por charlar. Una colchoneta que sólo tenía goma espuma y frazadas: ni forro ni sábanas. Lo mínimo, lo que se da a un esclavo, lo básico para subsistir y no morirse de frío, porque las sesiones debían continuar. Siempre me gustaron las camisetas. Cuando duermo me pongo una, más bien una remera. Esta es distinta, es la clásica, la del barrio, la del carnicero tomando mate. Encima –es de suponer– bastante sucia, con su olor pegado, y sus pliegues, sus sombras y sombritas en la fotografía, pegadas al cuerpo de mi hermano todavía vivo. Y una cosa le dijeron los nueve a Basterra, un día que consiguieron reunirse con él con la complicidad de un guardia “bueno”, asomando sus cabezas por el hueco de esos cuartuchos. Le preguntaron “qué será de nosotros”. Silencio. Víctor no sabía, no podía ni quería imaginar lo que sería. El había conseguido cambiar de escalafón: ahora era fotógrafo: lo necesitaban para algo más que para darle máquina. “Que no se la lleven de arriba, Víctor”. Eso le dijeron, los nueve, a oscuras. Que no se la lleven de arriba. |
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Nexo, 1999 - 2001 |
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17 El pañol, imagen de la instalación expuesta en el Centro Cultural Recoleta, Buenos Aires, 1999 Cybachrome 70 x 50 cm |
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18 El pañol, 1999 El pañol, imagen de la instalación expuesta en el Centro Cultural Recoleta, Buenos Aires, 1999 Cybachrome 30 x 42 cm |
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19 El pañol, 1999 El pañol, imagen de la instalación expuesta en el Centro Cultural Recoleta, Buenos Aires, 1999 Cybachrome 30 x 40 cm El Pañol En aquellos momentos en que el miedo dominaba el comportamiento de la gente en las calles de la Argentina, cada encuentro planificado podía convertirse en una viaje sin retorno. Las agendas, los libros, los recuerdos contenían direcciones, ideas y pistas que podían conducir hacia otro blanco. No sólo se llevaban a la gente para destruirla, aplastarla, exprimir su memoria buscando nuevas víctimas. Seguros de su poder absoluto, los militares argentinos no daban la menor posibilidad a una reacción de la sociedad civil. Por eso cada secuestro era también un pillaje. Los Grupos de Tareas se llevaban de la casa de la víctima todo cuanto podía tener algún valor. Dueños de la vida del secuestrado, lo eran de todas sus pertenencias. Heladeras, televisores, tocadiscos, fotos, las cartas de las novias, los pequeños objetos personales, los documentos, la ropa, los recuerdos... ¿Qué fue de estos objetos, tras pasar por el pañol? Desaparecieron, como sus auténticos dueños. Fueron a parar a casas que tal vez ignoraban su origen, fueron utilizados hasta su desgaste, tuvieron una vida sustituta, fueron adoptados, se convirtieron tal vez en un regalo para la mujer del torturador... En septiembre de 1999, realicé una reconstrucción artística del pañol de la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada) en el Centro Cultural Recoleta de Buenos Aires, como parte de la Muestra-Coloquio “La desaparición, Arte y Política”. La reconstrucción no pudo hacerse con los objetos originales, sino con otros similares, de la misma época de los apropiados por los represores. No hay gran diferencia entre este pañol y el que estaba en la ESMA. Los mismos objetos, el mismo olor a desinfectante, el mismo sonido de cadenas arrastradas por el suelo y de helicópteros levantando vuelo. La reconstrucción, hecha sobre la base de testimonios de sobrevivientes, reproduce ese depósito de objetos de escaso valor que habían quedado “disponibles” tras el asesinato de sus propietarios. En el año 2000 el History Channel de Canadá decidió hacer un documental sobre el período más negro de la historia argentina, para su programa Turning Points of History. El programa se tituló Argentina’s Dirty war. A los productores del programa les resultó imposible dar con material de lo que estaba sucediendo dentro de la ESMA filmado en la época. Cuando supieron de la instalación, me pidieron los registros fílmicos y fotográficos, y los incorporaron al documental para ilustrar con imágenes cómo era el depósito de objetos robados del mayor campo de concentración de la dictadura militar. Una reconstrucción realizada con fines artísticos, para rescatar la memoria e incitar a la reflexión, se convirtió así en parte de un documental histórico... Arte y documento, memoria e historia, recreación, creación y transmisión manifiestan su ambigüedad en este programa de la televisión canadiense. |
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20 Entremanos I, Buenos Aires, 1999 Impresión digital 36 x 54 cm |
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21 Entremanos II, Buenos Aires, 1999 Impresión digital 37 x 53 cm |
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22 La caramelera de la serie Restos, 2000 Instalación 50 x 123 x 34 cm La caramelera La caramelera es un objeto de mi infancia. En estos recipientes de vidrio alineados se ofrecían caramelos y otros dulces, en almacenes y panaderías. Conseguí una en un negocio de antigüedades en el Uruguay. Y fui llenando sus frascos con objetos relacionados con distintas memorias personales, dulces y amargos de un pasado presente. Carbón, cenizas, cámaras fotográficas descompuestas, restos de la flor nacional, entradas a espectáculos y museos a los que asistí, pipas, caracoles marinos, monedas sobrantes de distintos países, documentos vencidos, viejas fotos de familia... |
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23 Erice, seculo XVII de la serie Siglo pasado, Erice, Sicilia, 2000-2001 Copia a color 66 x 42 cm Erice Las paredes de la catedral de Erice se hallan cubiertas de mármol de Carrara. Ordenados siglo a siglo e inscriptos en caracteres dorados en el mármol, se narran, con la concisión de una palabra única, los acontecimientos fundamentales que marcaron la vida del pueblo y de sus habitantes: lluvia, peste, invasión, terremoto, guerra. La piedra siciliana también provocó una reinterpretación. Inscribí los principales acontecimientos que viví en el siglo pasado en mármol de Carrara, intercalando los hechos de la historia colectiva y otros de mi historia personal. |
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24 Buenos Aires, siglo XX de la serie Siglo pasado, Erice, Sicilia, 2001 Copia a color 66 x 43 cm |
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25 Los Campos I, Berlín, 2001 Impresión digital 64,5 x 37 cm Memorial. Instalado por la Liga de los Derechos Humanos de Alemania y los diputados de Berlín-Schöneberg en 1967 |
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26 Los Campos II, Buenos Aires, 2001 Impresión digital 64,5 x 37 cm Instalación urbana temporaria |
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27 Abecedario de la serie Los archivos, Buenos Aires, 2001 Impresión digital 43 x 32 cm Abecedario Después de ver las fotos de los archivos de la policía pasando de mano en mano quise fotografiar archivos reales yo mismo. Con la colaboración de los abogados de los organismos de Derechos Humanos, que se han pasado años recorriéndolos en busca de pruebas, solicité y obtuve permiso para fotografiar los archivos del juicio a las Juntas militares (1984). La pequeña sala contiene todas las actuaciones judiciales realizadas en los Tribunales de la ciudad de Buenos Aires para efectuar reclamaciones por las violaciones a la libertad, a los derechos individuales y a la integridad física de miles de argentinos por el terrorismo de Estado. Pilas de carpetas de hábeas corpus ordenados alfabéticamente, cada uno de ellos presentado con la esperanza de hallar con vida a un hijo, a un padre o a un hermano. Gestiones sin resultado, que terminaron sin respuesta en los juzgados y que se conservan ahora en las estanterías. Cuerpos encimados. Libros secuestrados. Causas agrupadas por el nombre de un lugar siniestro: Banco, Olimpo, Vesubio, ESMA. La sencilla sobriedad del Archivo guarda sus secretos a develar. Sus anaqueles desangelados y sus biblioratos de oficina contemplan cómo su contenido va pasando poco a poco de las manos de los abogados a las de los historiadores. |
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28 Cuerpos de la serie Los archivos, Buenos Aires, 2001 Impresión digital 44 x 30 cm |
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29 Expediente de Nando de la serie Los archivos, Buenos Aires, 2001 Impresión digital 29 x 44 cm |
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30 Las estanterías de la serie Los archivos, Buenos Aires, 2001 Impresión digital 44 x 27 cm |
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31 Rayuela, Buenos aires, 2001 Fragmentos del video Los condenados de la tierra, de Eduardo Feller y Marcelo Brodsky Copia a color 70 x 120 cm (12 fotografías de de 22,5 x 29 cm c/u) |
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Quemamos y enterramos nuestros propios libros. En pleno terror, todo objeto era comprometedor. Poseer un libro, una agenda con un nombre inconveniente, un elemento que pudiera identificar ideológicamente a su dueño podía convertirse en un pasaporte a la tortura y a la muerte. En estas circunstancias, muchos nos vimos obligados a quemar nuestros libros, a enterrarlos, a dejarlos abandonados en bolsas de residuos en cualquier esquina, por miedo a ser descubiertos con ellos en nuestro poder. Nosotros, la generación que vivió la dictadura, quemamos nuestros propios libros, una parte de nuestra identidad personal. Hay una imagen fílmica muy conocida de los nazis quemando libros en una pira durante la Noche de los Cristales Rotos en Berlín. En la Argentina, no fue necesario que otros quemaran nuestros libros, aunque eso también haya ocurrido. Los quemamos nosotros mismos, por miedo. Estos cuatro libros fueron enterrados durante la dictadura militar. Permanecieron bajo tierra durante casi veinte años, en el jardín de la casa de Nélida Valdez y Oscar Elissamburu, en Mar del Plata. Gozaron de digna sepultura, un privilegio que no tuvieron muchas de las víctimas de la dictadura. Hoy, desenterrados por sus hijos, son un testimonio de lo que tuvimos que pasar. Estos libros no pueden cumplir la función para la que fueron concebidos. Sus hojas, palabras y signos se han convertido en la memoria de lo que fueron y en testimonio rescatado por una nueva generación. |
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32 Monumento de metal de la serie Restos, Costanera Norte, Buenos Aires, 2000 Copia a color 40 x 54 cm |
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33 Flecha de la serie Restos, Costanera Norte, Buenos Aires, 2001 Copia a color 42 x 65 cm |
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34 Vértice de la serie Restos, Costanera Norte, Buenos Aires, 2001 Copia a color 42 x 65 cm |
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35 Estrella explotada de la serie Restos, Costanera Norte, Buenos Aires, 2001 Fotomontaje 47 x 47 cm |
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36 Estrella iluminada de la serie Restos, Costanera Norte, Buenos Aires, 2001 Fotomontaje 47 x 47 cm |
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37 Marcelo Brodsky Los condenados de la tierra, 2001 Video Cámara Eduardo Feller Duración 3’ con sonido |
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Vislumbres, 1994 - 2002 |
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38 Los Arcos, Guadalajara, España, 1994 Copia a color 43 x 65 cm |
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39 Candelabro, Goiás, Brasil, 1996 Copia a color 43 x 65 cm |
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40 Caminhão, Goiás, Brasil, 1997 Copia a color 44 x 65 cm |
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41 Túnel, Lago O'Higgins, Chile, 2002 Copia a color 44 x 65 cm |
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