|
Lista
de obras |
|
Mentiras de amor Kuki Benski Mi propuesta para esta instalación es contar, a modo de fotonovela y en primera persona, figurando como la protagonista principal, la vida íntima y sentimental de una joven mujer que utiliza la seducción y la mentira hasta las últimas consecuencias para conseguir sus deseos y así lograr su supuesta felicidad. Esta historia es de ficción, pero realizada con material autobiográfico de los años 60, tanto en el material fotográfico como en el vestuario. La trama está basada en pasajes de la vida íntima de ciertas divas del espectáculo internacional como en los universos de las fantasías eróticas de Dita Von Teese, Mae West, Marilyn Monroe, y las argentinas, Susana Giménez y La Coca Sarli, entre otras. Estas “estrellas” de la pantalla encarnaron en sus vidas el papel de la chica mala, ambiciosa, engañosa y seductora, dado por la desmesurada ambición de poder para encumbrarse y llegar al éxito. De esta manera desmitifico el papel de la mujer buena, abnegada, del “deber ser” como santa y sacrificada, para mostrarla desde el rol opuesto. Especialmente, en el ambiente de las divas del espectáculo que funcionan como modelos inmanentes de identidad para nuestra sociedad de consumo. En estos medios parece ser cada vez más intensa la ambición por el poder a través de la seducción, la mentira y la transgresión. En este caso muestro a la protagonista como la “chica mala”, con su otro rostro de mujer, aquel que no se deja ver porque está oculto de acuerdo a las circunstancias. Es así como el poder y la seducción juegan un papel preponderante; son sus armas preferidas. A veces la “chica mala” carece de escrúpulos o ética. Es exitosa, ejecutiva y competitiva para llegar así a la meta deseada. Esta conducta es cada vez más frecuente en esta sociedad de consumo en que vivimos, donde “para ser” se debe “tener”, pues la posesión ya forma parte de la identidad del individuo: “yo soy lo que tengo y luego pertenezco al medio donde vivo”. Estos modelos mediáticos son artículos de consumo que se nos ofrecen diariamente como productos de supermercado de nuestra cultura moderna. El mandato recurrente es que ser una “chica mala” se ha convertido en un nuevo paradigma entre ciertas mujeres jóvenes. Y esta condición vale la pena, porque vivir esa experiencia tiene sus privilegios. Hay ciertas señales físicas y de carácter que resultan muy atrayentes a la hora de despertar en el otro sexo, fantasías increíbles. La protagonista de Mentiras de amor tenía estos atributos y la pasaba realmente bien provocando los sentidos de sus espectadores. Ser así le facilitaba su proceso de selección y recurría a métodos poco convencionales como la magia, el embrujamiento o los hechizos más obsesivos. Y cuando encontraba un hombre que le gustaba o le convenía, solo tenia que hacérselo saber con algún guiño diferente y dedicarse a disfrutarlo. Así, los hombres embelezados prácticamente morían por ella porque la consideraban irresistible. En cambio, sus pares la consideraban muchas veces una amenaza, porque cuando la “chica mala” entraba en escena, distraía y acaparaba la mirada de los hombres que estaban solos, pero también, la de quienes estaban acompañados. Ya se perfila en esta instalación, que la chica buena, santa, virgen, culposa y abnegada ha sido desplazada y ha cedido un poco su espacio para su nueva transformación en la “chica mala”, en pos de sus calculadores y desafiantes fines, a través de la seducción, las manipulaciones y engaños, buscando desesperadamente refuerzo de sus fines en los servicios mágicos, como ultima instancia, para lograr sus elucubrados cometidos. |
|
Mentiras de amor, 2009 Instalación conformada por elementos diversos 90 metros cuadrados |
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
|
|
![]() |