Kuki Benski. Mentiras de amor de Kuki Benski en la Sala RG

Carmen Hernández

Coordinadora de Artes Visuales

"El deseo forma parte de nuestro reino de lo prohibido, su materialidad soñada forma parte de nuestro imaginario"

Jean Baudrillard

La Sala RG presenta la exposición Mentiras de amor de la creadora argentina Kuki Benski, como parte de los objetivos institucionales de estimular el conocimiento de las prácticas artísticas latinoamericanas que reflexionan sobre las representaciones del arte y de lo social desde un sentido crítico y propositivo.

Con esta instalación la artista retoma la estrategia de hibridar su vida personal con personajes femeninos asociados al universo erótico mediático, ya sean reales o ficticios. Benski redimensiona la categoría narrativa de las “historias de amor” que supuestamente revelan ciertas “verdades del mundo amoroso”  y en un juego de subversiones titula esta pieza como “mentiras de amor”, no solamente porque es una narración ficticia, sino también porque para ella, muchas de las relaciones “amorosas” sostenidas por juegos eróticos están tramadas por enmascaramientos encadenados. Además de recurrir a la autorrepresentación en la selección de sus imágenes de infancia –el país de Alicia, según comenta Fabiana Barreda en el texto publicado en este catálogo– también su planteamiento pone en duda las nociones de “historia” y “amor”.

La Historia, con mayúsculas, es una disciplina apoyada sobre una serie de técnicas científicas, supuestamente capaces de seleccionar e interpretar los hechos de la realidad y  reconocer una “verdad”, adjudicándose así la condición de ser representante de lo real. Los procedimientos de esta práctica epistemológica autolegitiman su autoridad en el campo del saber, determinado en parte por la comunidad científica la ciudad letrada que oculta su relación con un aparato socioeconómico jerarquizado y deja fuera gran parte de esa realidad que ha sido fuente esencial. Se podría pensar que toda historia es en parte ficticia pues depende de la mirada de quien la produce. Para Michel de Certeau existe una distancia entre lo real representado y lo real sobre lo cual se produce el relato. En esta operación selectiva se establece un desplazamiento y el texto: "oculta, detrás de la figuración de un pasado, el presente que lo organiza"[1]. Además de encubrir las condiciones de su producción (la ideología que lo trama), el discurso torna creíble lo que dice, por lo cual el procedimiento es performativo, es decir, reproduce sensación de realidad y resulta convincente. A partir de esta lógica pero en sentido inverso, Kuki Benski recurre a los procedimientos narrativos y los trastoca, para develar “otras” historias o más bien “mentiras”, por medio de la ironía, rescatando así, sin una intencionalidad moralista, algunas paradojas representacionales en la conducta social, parodiando también el sentido testimonial de la cultura de los reality show y la complicidad de la ética narcisista.

En la muestra Truly Love. Amor verdadero que Benski presentara en la Sala NG, en 2005, ya se planteaba una reflexión crítica sobre el “verdadero amor” promovido por la cultura mediática. En esa oportunidad comenté que su trabajo artístico asumía una postura desconstrutiva hacia lo social y el arte, lo cual se mantiene vigente: “Kuki Benski se burla de los estereotipos de la cultura de masas y a la vez intenta afectar el campo representacional del arte asociado a la figura femenina en actitud “sumisa”. Esta estrategia de doble direccionalidad que se expresa por medio de un cruce de géneros discursivos, nos permite comprender que muchas artistas, y mujeres en general, cada vez sienten menos prejuicios en definirse como sujetos erógenos que reconocen los múltiples impulsos y conflictos que representan sus deseos”.

Mentiras de amor actúa como pretexto para reflexionar sobre el narcisismo que representa la figura del amor en la contemporaneidad, sobre todo aquella promovida por el imaginario “rosa” de la cultura de masas. Es por ello que Benski selecciona, como en trabajos anteriores, el recurso narrativo de la fotonovela, pero a partir de un intercambio simbólico entre la ficción y el autorretrato, desde una distancia crítica, tamizada de humor, que finalmente pone en tela de juicio los procesos de subjetivación asociados a la idealización de un “otro” que finalmente refuerza el individualismo. Según Julia Kristeva: "El amor es el tiempo y el espacio en el que el «yo» se concede el derecho a ser extraordinario"[2].

En Mentiras de amor se encuentra ausente la pasión porque el amor se representa como capital simbólico asociado al deseo de posesión físico y material. El amor es entonces un pretexto, un discurso, un modelo cultural para activar mecanismos de seducción con fines poco solidarios con el “otro”, según se observa en la distancia que existen entre los textos y sus respectivas imágenes. A modo de testimonio, las narraciones de las situaciones experimentadas por la protagonista, introducen al espectador en el universo de la manipulación, aunque las imágenes aluden a la inocencia de la juventud (las fotografías de la adolescencia de la artista).

A partir de esta nueva instalación, Kuki Benski invita al público a confrontarse con sus propias contradicciones frente a las concepciones de “historia”, “amor”, “belleza” y “poder”, en un juego constante de intercambios que estimula una mirada crítica y lúdica sobre el mercado simbólico de representaciones sociales de lo femenino como mercancía de consumo. Es así como desde la perspectiva de género desarrollada desde algunas prácticas artísticas contemporáneas, se crean mecanismos para observar los imaginarios sociales desde una mirada advertida y poder así problematizar algunos modelos conductuales instituidos e imaginar otros nuevos.

Notas


[1] Michel de Certeau. 1995. Historia y psicoanálisis entre ciencia y ficción, México D.F.:  Universidad Iberoamericana, p. 55.

[2] Kristeva, Julia. 1987. Historias de amor, México D.F.: Siglo Veintiuno Editores, p. 4. 

 

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