Mujeres latinoamericanas. Fotografías de Olga Morales

José Leonardo Guaglianone

Asistente curatorial - Coordinación de Artes Visuales - Fundación Celarg

Como parte de los objetivos institucionales de estudiar las representaciones sociales latinoamericanas, se presenta en la Sala RG la exposición Mujeres Latinoamericanas de la fotógrafa argentina Olga Morales, que reúne un grupo significativo de imágenes vinculadas a diferentes movimientos sociales.

El trabajo de Morales responde a una mirada instantánea, vinculable al fotorreporterismo y el fotoperiodismo, en cuanto al uso del dispositivo gráfico de la luz, del fotógrafo viajero, del “estar en el momento preciso”. La mirada intencionada que se sitúa en las actividades militantes de diversos movimientos latinoamericanos y de protesta, en el caso argentino, a las secuelas y consecuencias sociales de nefastas dictaduras militares.

Al interpelar estas fotografías nos preguntamos por la selección temática de los registros políticos: las mujeres latinoamericanas visualmente localizadas en el marco de la activación de nuevas formas regionales asociables a la condición categórica global que Jean Baudrillard llama la “era de la transpolítica”1. Esta categoría se entiende como ampliación contemporánea de la noción positivista y socialdemócrata, finalmente burguesa, de la realpolitik (o Política Real), acuñada durante el siglo XX por una suerte de pacto global nuclearentre el imperialismo burgués occidental (y su logos del materialismo económico individualista) y la hegemonía soviética y china de los países no alineados (y su logos del materialismo histórico colectivista), o guerra fría. La noción transpolítica es históricamente posterior a esta condición de tensa bipolaridad geopolítica de la “aldea global” fin de la política “real”, comienzo de la política del terror que involucra a la crisis de la modernidad en artes y letras, y que recientemente se ha observado en la crisis del capitalismo bursátil, avanzado o postfordista, paralelo al auge nunca antes conocido en la historia del planeta de las tecnologías transparentes de la información, de las industrias culturales y del entretenimiento ideológico.

Como reacción periférica a los centros hegemónicos se han activado los movimientos sociales latinoamericanos de variada índole, de cultura híbrida y diversa, en los cuales las mujeres cumplen roles fundamentales como productoras y activistas, entre otras cosas, de las reivindicaciones humanistas para los precarios exportadores de materia prima del mundo.

Alrededor de diez niñas, muchas madres, algunas con sus hijos, hermanas y abuelas de fallecidos sin más sepultura que el Museo de la Memoria de Buenos Aires, aparecen retratadas en distintas facetas. La lucha por la justicia sobre los presos políticos y desaparecidos durante la dictadura le ha otorgado protagonismo a las mujeres dentro de la política (Fundaciones de Madres y Abuelas de la Plaza de Mayo, Asociación Madres del Dolor y otras). Este liderazgo se ha extendido a las luchas por reivindicaciones sociales en la era de la transpolítica, posterior a la privatización radical y el derrumbe de la economía y la estabilidad social argentina en los primeros años del siglo XXI. Esas madres, abuelas y familiares de decenas de miles de víctimas políticas, representarían una cultura de la resistencia al autoritarismo, política y simbólica, sustentada en la afectividad de lo femenino, en las filiaciones propias de madre, de hija, de hermana, de sobrina..., a las formas transpolíticas del terror, en este caso, del terrorismo de Estado. Esta cultura de la resistencia ha sido retratada por el lente nostálgico de una fotografía comprometida con la coyuntura de lo transpolítico en la contemporaneidad.

Como fotografías que rompen con la interpretación política desarrollada hasta este punto, se encuentran las tomas de: la niña nicaragüense vendedora de caracoles, la niña argentina vendedora de artesanía, los(as) niños(as) de Chichiriviche, la niña warao tejedora de cestas, la mujer peruana vendedora de ajos, las cuales presentan, curiosamente, un tratamiento estético más reposado en su fijación, así como el tema común de los oficios artesanales más sencillos. Igualmente, el registro oportuno de un cartel resulta especialmente significativo. Nos referimos a la fotografía titulada Aniversario del Golpe de Estado de 1976, donde aparece únicamente el cartel de una obra de “teatro burgués”, heredero triste de ese realismo dramático “de clase” que alguna vez fue un género valioso del teatro clásico con representantes críticos genéticos como Henrik Ibsen. En este caso, por su condición comercial, machista y oligárquico, ha sido intervenido por activistas políticos que denuncian las desigualdades sociales y de género representadas de manera cínica posmoderna en ese tipo de productos culturales y su publicidad, en un contexto de crisis económica y del recuerdo imborrable de la dictadura militar.

A tales complejidades culturales, psicosociales y políticas se vinculan los registros fotográficos de Olga Morales, que revisten situaciones emocionales y conmovedoras, propias de las luchas y movilizaciones activistas. La mirada de Morales asume un sentido de solidaridad que no es ajeno a su propia experiencia como familiar de una víctima de desaparición política. Es así como en esta exposición se han incluido fotografías de marchas y concentraciones, representativas de miles de personas marcadas por la ausencia de justicia, que buscan respuestas en tiempos de revisión y transformación hacia estructuras más abiertas e integradas.


Notas


1 Ver “Figuras de la transpolítica” en Baudrillard, Jean (1983): Las estrategias fatales, Barcelona, Anagrama, 1997, pp.25-73.

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