Osvaldo Barreto (Omau)

San Cristóbal, 2007

Comics subterráneos. Un realizador y unos personajes

Realizar comics en Venezuela y más aún en una provincia, es algo bastante descabellado, en principio porque no existe una industria del comic nacional, segundo, porque es más probable aún que no existan lectores para tal comic, pues no pueden considerarse como tales a los patéticos seguidores de las trasnochadas transnacionales con sus deslastrados e insufribles superhéroes. Más descabellado aún es desarrollar el tipo de comic que los especialistas llaman culto, que consta de historias más o menos intelectualizadas y discursos retorcidos donde se requiere un lector sesudo. Cuando usamos el adjetivo “subterráneo”, para designar al comic que se ha hecho en este país, lo usamos en el mismo sentido de la palabra inglesa “underground”, para referirnos a un producto que pertenece a las oscuridades de las alcantarillas (lo de las alcantarillas es una metáfora). De esa oscuridad no sale (seguramente se siente bien ahí), ni que se hagan exposiciones en el Celarg, o en el Museo de Arte Contemporáneo, pues si se entiende bien lo que significa un comic, con todo su complejo lenguaje pictográfico y sus sofisticados recursos icónicos como; sensogramas, subrogramas, movilgramas, lexipictogramas, etc., etc., sabríamos que no pertenece a lugares donde se exhiben cuadros, tal vez ni siquiera pertenece a una librería cualquiera. Tampoco las actuales versiones digitales en la red que aún no satisfacen a los más exigentes. Su lugar por naturaleza han sido los kioscos, aunque también están las librerías especializadas, y el comic venezolano creo que no ha conocido ni los kioscos ni las librerías especializadas, además está harto de ser arrojado de un sitio a otro desde su nacimiento (si es que ya nació), y está cansado de decirle a todo el mundo que no es el hermanito menor de las artes plásticas ni de la literatura. El comic es el comic, y cuenta con viñetas suficientes para no rendirle cuentas a ningún otro arte, así como con seguidores y especialistas que dejarían en ridículo a cualquier universitario con magíster, y como nuestra sociedad suele esquivarlo; pues conoce su perversión y su inconformismo; creo que el mejor lugar para él es la clandestinidad. Desde allí puede maquinar a sus anchas las historias que ningún escritor logrará escribir por no saber dibujar y los dibujos que ningún artista hará por no saber escribir. Con el anterior espíritu, nosotros (me refiero al equipo conformado por dibujante y personajes) hemos realizado suficientes puestas en página como para entrelazar y tener por realidad otros mundos, con sus respectivos enlaces cada uno, y aunque la línea estética y conceptual se aleja del estándar (utópicos superhéroes) y del esnobismo (los manga), debemos aclarar el hecho aterrador de sentirnos felices con nuestra vida marginal, porque estar al margen no supone un lugar sino una conciencia, es decir; se hacen historietas con la honestidad de no querer quedar bien con nadie, pero sí para emancipar mundos que nacen del pensamiento y para escuchar los diálogos, que a oídos de la mayoría, solo son murmullos en las alcantarillas.

El equipo de trabajo que aquí se expresa está formado por: el dibujante, es decir, yo, y Noún, el gurú solitario de las ciudades vacías llenas de gente y silencio, Contemplor; el burócrata absurdo que alimenta la incongruencia de todo lo que aquí llamamos orden, Los inquisidores; personajes míticos que extrañamente reencarnaron en este tiempo, Mazorca, el espantapájaros que habló con el loco y algunos otros que permanecerán taciturnos esperando su turno en la imprenta subyugante de los realizadores de comics.  

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