Dr. Paolo Polito [*]

Algunas reflexiones acerca de las prótesis mamarias

Ponencia presentada en el Seminario internacional Equidad de género en acción, Fundación Celarg, 4 de diciembre de 2008

En la actualidad hay una cantidad cada vez mayor de seres humanos que se ven a sí mismos feos, disarmónicos o carentes de algo que no  pueden poner en palabras y recurren a distintas maniobras para verse  mejor. Esas maniobras podrían asemejarse a usar una o diversas prótesis. Me explico: un carro es un medio de transporte pero también es una prótesis corporal para aquellas personas que tienen una imagen deteriorada de sí mismas y tienen los medios económicos para realzarla. Según sus características un carro puede ser un símbolo de la potencia fálica que un hombre o una mujer desea tener (carros grandes, 4 x 4, con mataburros, deportivos relucientes), puede ser la manera de echarle excrementos a los demás (carros con resonadores, con tubos de escape contaminando) o puede ser la mamá confiable y segura que se necesita (carro confortable, silencioso, blindado). Un carro o la ropa que se usa es una prótesis externa, no cambia de manera definitiva el aspecto de quién la usa. Si una camisa no satisface en este sentido, siempre cabe la posibilidad de desecharla y usar otra. El problema está en las prótesis corporales que producen cambios permanentes e indelebles en el cuerpo y  la imagen corporal, es decir, tanto de la manera real como de la manera subjetiva en la que nos percibimos. En este contexto vamos a hablar acerca de la cirugía plástica con pretensiones  estéticas, no de la cirugía plástica reconstructiva, y particularmente de la mamoplastia, la cual produce cambios anatómicos irreversibles: cicatrices, distensión de los tejidos cutáneos, áreas de denervación sensitiva, etc. La mujer que se practica una mamoplastia no podrá jamás revertir las consecuencias de la operación.

En todos los  tiempos y en todas las culturas los seres humanos han intervenido su cuerpo de una manera pasajera y/o definitiva. Entre las intervenciones pasajeras más frecuentes están las pinturas corporales que una vez cumplida su misión decorativa o ritual se lavan. En la actualidad tenemos dentro de este rubro todas las formas de maquillaje. Entre las definitivas están las pinturas subcutáneas o tatuajes, las escarificaciones o cicatrices y la apertura de orificios para la colocación de objetos decorativos o rituales como los platillos labiales o auriculares, en la actualidad tenemos los zarcillos y los piercing. 

Vemos mujeres de la etnia Ursi de Etiopía (figura 1) usando una combinación de pinturas corporales y platillos labiales y auriculares que denotan su status de casadas o candidatas a casarse. 

Una mujer Hamer de Etiopía muestra cicatrices o escarificaciones que son testimonio de su fortaleza física y su tolerancia al dolor y por ende demuestra que es un buen partido para el hombre que quiera casarse con ella. 

En todas las culturas existen modelos estéticos ideales para ambos sexos. A las niñas de nuestra cultura occidental influenciadas, entre otras cosas, por las películas hollywoodenses para niños, se les presenta el ideal de la cintura de avispa y los senos redondeados. Entre estos modelos reconocemos a la princesa Jazmín, la Bella y la sirenita Ariel, entre otras (figura 2). 

Figura 2

Se llega al extremo de que una chica linda que no se adapta a este modelo puede verse horriblemente fea y sufrir de dismorfofobia (figura 3).

Figura 3

Pero no nos engañemos, este modelo estético es muy antiguo, corresponde a un ideal y no a una realidad anatómica, en épocas pre cristianas, cuando los Griegos admiraban la Venus de Milo, los hindúes esculpían en el templo de Khajurajo, esta mujer con una figura que sería el ideal de muchas de nuestras quinceañeras. 

Y no muy lejos, en Sri Lanka, en el siglo III de nuestra era, anónimos pintores realizaban los bellos frescos del palacio de Siguiri, donde podemos apreciar el mismo ideal de belleza femenina (figura 4). 

Figura 4, Frescos del palacio de Siguiri en Sri Lanka. Siglo III.

El hecho es que, a pesar del falocentrismo freudiano, hubo una mujer que situó la geografía de las imágenes anatómicas en el inconsciente en su justa representación jerárquica: no es el falo la representación que concentra más afecto e interés, son los pechos maternos. Ellas, las mamas, le dan el nombre a las especies animales más evolucionadas: los mamíferos, porque la evolución biológica y psíquica se realiza solamente a partir y a través de los afectos en los que estamos sumergidos gracias a la prolongada dependencia de la madre, ésta incluye el amamantamiento. La mujer que puso las cosas en su sitio fue Melanie Klein. 

Figura 5. La relación bebé madre-pecho organiza nuestra existencia. 

En este momento social la feminidad está siendo muy maltratada y junto con ella la maternidad y en especial el vínculo madre bebé. La belleza del cuerpo humano y en este caso la femenina se basa en el amor y el amor a su vez, se basa en la satisfacción de las pulsiones de vida (recordemos que el amor es ciego). Freud sostiene que se ama a la persona que satisface las pulsiones de vida con amor (la mezcla de auto conservación y placer erótico) y preserva al yo de la muerte; más adelante dice: lo bello es lo que se ama (así lo sostenía hace mucho tiempo la poetisa Safo). Se ama a la madre porque da vida, automáticamente la madre y sus mamas son bellas. En la actualidad se pretende poner el caballo detrás de la carreta, se sostiene que si la mujer es “bella” será amada por muchos. Entonces se le propone a las mujeres un cierto número de prótesis corporales para hacerlas supuestamente bellas y queribles. En realidad se hacen más llamativos los caracteres sexuales secundarios: pechos, nalgas, labios, etc. hasta la exageración o la extravagancia, estas mujeres llegan a llamar la atención pero no por eso son bellas, despiertan al niño hambriento que hay en los hombres y en las mujeres (para el bebé los pechos de la madre son enormes), pero no por eso se hacen queribles ni llegan a quererse ellas mismas al no resistir la prueba del tiempo.

Sigamos con el ejemplo más notable por su frecuencia: la mamoplastia o como dicen las mujeres: “hacerse las tetas o las lolas”, cirugía que ha aumentado en un 300% el último año. Como médico, como psicoanalista, como antropólogo y como artista, pero antes que nada como un ser humano con algo de sensatez, a mí se me plantean numerosas preguntas. ¿Por qué un cierto número de mujeres hermosas se ven feas y poco valiosas?, ¿Por qué  necesitan verse como las demás, con senos clonados y no valoran las características individuales de su anatomía?, ¿Por qué las posibles complicaciones físicas y mentales a corto, mediano y largo plazo son negadas tanto por las mujeres que se operan como por los cirujanos? Es evidente que si estas mujeres tienen una anatomía perfectamente normal el argumento tan aducido por los cirujanos de la auto estima baja no se refiere a una característica real del cuerpo, sino a la manera en que éste es percibido, es decir, hay una problemática emocional anterior a la intervención quirúrgica que debería ser tratada por un psicoterapeuta y no por un cirujano (figura 6). Es como si estas mujeres no pudieran realizar más que una identificación espuria, vacía, con el aspecto externo de un objeto parcial idealizado: los senos tal como son percibidos por los lactantes: enormes, y no con su esencia: alimentar, dar vida, contener las ansiedades del bebé, calidez, amor, etc. Cuando una adolescente recién operada dice, refiriéndose a ella misma antes de la operación: “cuando yo no era nadie”, es evidente que esta refiriéndose a un sentimiento y no a una característica física. En cuanto a las complicaciones de este acto quirúrgico tenemos que la más grave es la muerte. 

Figura 6

Cuando una colega supo que me interesaba este tema me hablo de la Sra. K, casada y madre de dos hijas. Cuando ésta supo que su esposo tenía una amante y pensaba separarse decidió hacerse una mamoplastia, siguiendo el consejo de una prima. Durante el acto quirúrgico la Sra. K tuvo problemas con la anestesia y falleció. El riesgo de toda anestesia se incrementa cuando se sufre de una depresión. 

Entre las complicaciones psicológicas tenemos que aun con una técnica quirúrgica impecable la respuesta de cada mujer es diferente, puede haber una cicatrización complicada (quelóide) y debido a la carga afectiva tan importante de esta zona erógena, esta eventualidad es una catástrofe. La asimetría de las mamas que es natural puede incrementarse notablemente con la cirugía. La consistencia de las mamas puede ser muy dura según el tipo de prótesis empleada y la cicatrización (la retracción capsular obliga a una re intervención), incluso el cuerpo puede rechazar la prótesis como el cuerpo extraño que es y puede abrirse la piel para dar salida a dicho cuerpo extraño. Según la técnica empleada puede  perderse la sensibilidad del pezón, etc. Para complicar aun más esta situación tan compleja resulta que un porcentaje importante de las mujeres que se hacen una cirugía estética no quedan satisfechas, no porque el cirujano no cumplió lo prometido, sino porque lo que se buscaba no era físico, era emocional. Pero lejos de funcionar la sensatez y la experiencia para evitar repetir un hecho traumático buscando otro tipo de ayuda, predominan las defensas maniacas, es decir, la negación de la realidad, o el masoquismo, y entonces se recurre una y otra vez a cirugías estéticas repetitivas (colocarse prótesis de mayor tamaño, intervenir la cara, los glúteos, el abdomen, las piernas) que terminan aumentando aun más la distancia entre lo que en realidad se necesita: afecto, autoestima, y el fracaso de esta actuación compulsiva, con mayor deterioro físico y emocional.

Convendría definir la tan aludida autoestima, esta es el amor que la persona se tiene a sí misma y se manifiesta en la capacidad de cuidarse a si misma, cuidar los vínculos de amor, ocuparse de su salud, etc. La autoestima se adquiere en tres fases: 1-por identificación con al amor que los padres sienten hacia el bebé cuidándolo con amor; es decir, es indispensable el sentimiento de haberse sentido querido por los padres o por los que ejercieron esa función. 2- Entre los 5 y los 7 años el niño interioriza esa función parental y a partir de allí el sentimiento de estar satisfecho consigo mismo es personal, es consecuencia de sentirse en armonía con lo que se quiere ser y con los valores que se tienen, si esto no se da aparecen sentimientos de culpa o se niega la realidad interna; y 3- En la edad adulta viene de la vivencia de haber cumplido los proyectos vitales, en especial de los que tienen que ver con el amor y el trabajo.

Veamos el caso de A. A es una mujer de 40 y pocos años, tiene una historia de carencia materna y un padre que abandonó el hogar. La carencia materna es producto del narcisismo materno más que de su ausencia. Era una madre pendiente de su apariencia y de sus pretendientes, la cual dejaba a su hija con sus propios padres. El abuelo de A. abusaba sexualmente de la pequeña, manipulaba sus genitales y se masturbaba. En algún momento esto se supo pero no pasó de un reclamo al abuelo y todo siguió igual. A. odia a su madre y la considera culpable de todas sus desdichas: su sentimiento de desamparo, el abuso sexual, sus dificultades matrimoniales, su dolor como madre debido a que a pesar suyo no puede ser la madre que desearía. A. ha criado a sus hijos con una mezcla de afecto negado y de agresión. A. es una profesional  perfeccionista, prefiere trabajar por su cuenta a destajo y a través de su computadora, que tratar directamente con gente. A. me fue referida por su terapeuta (no psicoanalista) quién no la soportaba y decía que como no hacía nada de lo que él aconsejaba no la aguantaba ni la podía tratar. En efecto A. era difícil de tolerar, era muy agresiva y todo lo criticaba, pero tenía un excelente sentido del humor y una necesidad de ser querida y de querer que demostraba a través de la continuidad de la relación terapéutica conmigo. Yo le tenía afecto y la atendía como una mamá o un papá que acompaña y sostiene a una niña que está haciendo una pataleta. Ella decía que yo era el único “psiquiatra” que la había comprendido. A. tenía un sentido común llamativo, cuando todo el mundo alababa la película “La vida es bella“, ella decía no comprender como a la gente le podía divertir semejante loco que negaba de tal manera la realidad (se refería a Benigni y, por supuesto, a su madre). Ella era hiper realista, su vida había sido hiper dura. En el contexto de una situación en la que su madre le quitó un dinero de su herencia de los abuelos y estaba por viajar al extranjero por un largo tiempo, A se aparece un buen día por el consultorio y mostrándome una bolsa dice: “aquí están mis tetas”. A. había comprado las prótesis mamarias que pensaba colocarse sin haber hablado de su proyecto anteriormente en la terapia.  Esto es característico de lo que llamamos acting out, es decir, actuar antes de hablar y comprender, y es lo que se ve con frecuencia en estos casos: las mujeres no hablan de la mamoplastia o hablan cuando todo está listo para hacerla. A. se iba a operar pocos días después y  así lo hizo. A posteriori se pudo trabajar un poco sobre las prótesis mamarias ya que A. iba a abandonar el país. Se vio que más que una prótesis de mamas eran una prótesis de mamá, de la mamá que ella hubiese deseado tener y que en parte ahora perdía interrumpiendo la psicoterapia y separándose de mí. Lo que A. necesitaba era algo concreto que representase una mamá buena o lo bueno que de esta representación había podido tomar en la psicoterapia, pues la capacidad para identificarse con aspectos maternos positivos de la relación terapéutica aun no estaba al alcance de A. Ella tuvo que hacer un ajuste corporal proteiforme (introyección proteiforme, por ponerle un nombre) para llevar con ella el aspecto materno de nuestra relación.

Observemos ahora el caso de B. Ella es una profesional exitosa casada desde hace unos 25 años con un hombre que le ha sido infiel en numerosas ocasiones, mantiene otra familia paralela y además exhibe ante todos esta situación. B. tiene una madre desvalorizadora y agresiva que maltrataba física y mentalmente a sus hijos, es incontinente y tiene características narcisistas. Su padre no era cariñoso pero si era contenedor y apoyaba a B. El problema era que el padre tenía que viajar por su trabajo y estaba ausente por periodos largos en los cuales su madre se ponía aun más agresiva. Después del primer año de análisis B decide divorciarse y comienza todos los trámites necesarios con los cuales el esposo no colabora, aunque dice no oponerse al divorcio. En una ocasión, cerca de agosto, le comuniqué a B. que no podría atenderla durante una semana  por razones personales, acto seguido ella me dice que no podrá asistir la semana siguiente a mi ausencia pues se va a “hacer las tetas”, la semana siguiente estará de reposo y la otra se irá de viaje. Dice: “hace tiempo que quería hacérmelas y voy a aprovechar ahora antes de las vacaciones. Quiero irme de vacaciones con las tetas nuevas, quiero ponérmelas más grandes, no se, es por mi, porque lo que menos me interesa ahora es que se me acerquen los hombres, aunque claro eso llama mucho la atención”. Le señalé dos cosas, primero que lo que ella deseaba no era tener mamas nuevas sino una nueva mamá y luego que ella prefiere sentir que a los hombres se le hace agua la boca viendo sus tetas que sentir que es ella la que necesita de los pechos de una buena mamá.

Con B se repiten varias características: se trata de un acting out con características maniacas, se niega la realidad al pretender tener adentro un objeto parcial idealizado, representado por la prótesis, ante la imposibilidad evolutiva para lograr una introyección  verdadera y una identificación. La temática de la angustia de separación es importante y se niega. La necesidad de ser vista y deseada sexualmente (al menos en apariencia) por los hombres  y con envidia por las mujeres obedece a un mecanismo psicológico que funciona como si la persona dijese: “si yo fuera usted …”. Se trata de obligar al otro a sentir lo que uno mismo siente y funciona así: “si yo fuese ese hombre desearía a una mujer como yo y estaría frustrado por no poder tenerme”; “si yo fuese otra mujer admiraría mis senos y me sentiría poca cosa y envidiosa”. La realidad es que es la misma B. la que se siente necesitada, frustrada y envidiosa por no tener una madre amorosa y un padre seguro.

El caso de C es aun más llamativo. C me llegó del extranjero con una depresión mayor, recibió tratamiento farmacológico, algunas sesiones de psicoterapia y se devolvió a terminar su post grado. Una vez de regreso a Venezuela comenzamos una psicoterapia de dos horas seguidas una vez a la semana, puesto que ella vive en el interior del país. C es una verdadera Cenicienta, su madre, anteriormente promiscua, la negó como hija para poder casarse con su padrastro, dijo que era la hija de un familiar que ella había adoptado (esa situación aun se mantiene en “secreto”). Tuvo luego tres hermanos que ella crió como Cenicienta, limpiando, fregando, cocinando. Al mismo tiempo estudiaba y hasta se graduó cum laude en una carrera bastante exigente. Al graduarse obtuvo una beca para estudiar afuera una maestría, al final de la cual vino a las primeras consultas conmigo. Mientras ella estuvo afuera, uno de sus hermanos comenzó a consumir drogas, otro se deprimió y el tercero se hizo cargo de la casa. Ella mantiene una relación sado masoquista con la madre, ésta la culpabiliza por crecer, por separarse e independizarse de ella, y me odia por ser el responsable del crecimiento mental de su hija. C. se siente culpable por la depresión con características de border line que ha desarrollado la madre. C. no se permite formar pareja con un hombre que la ama, ella “ama” a un homosexual obsesivo que la agrede a su antojo, o cae en la red de un machista que igualmente la maltrata. Es notable como C, sin ser promiscua, tiene relaciones sexuales ocasionales de manera masoquista, mendigando alguna caricia. En el contexto del odio de su madre hacia mi, la madre deja de pagarle las consultas a C y le ofrece una mamoplastia para levantarle el ánimo, cosa que C acepta y madre e hija “se hacen las tetas”.

Después de un tiempo C tiene un nuevo episodio depresivo, la llevan a un psiquiatra de la ciudad donde viven, C empeora, pide ser hospitalizada y tiene fantasías de suicidio. Entonces, a regañadientes, la madre me la trae de nuevo y retomamos la psicoterapia. Podemos pensar que en este caso se trata de un acting out pasivo de C. y una actuación con características de reparación maníaca[1] por parte de la madre.

A estos casos podría añadirle otros en los cuales se repite la misma constelación: madres narcisistas que no quieren a sus hijas y padres débiles o ausentes. Hijas con la autoestima por el suelo. En uno de estos casos en los que el acting out pudo detenerse (era un regalo de graduación) la madre le decía a la hija continuamente que era gorda y fea y que estaba sorprendida de que hubiese podido graduarse y la realidad es que la paciente es hermosa e inteligente.

Podemos contestar ahora la primera de las preguntas planteadas, sin la pretensión de decir algo nuevo: 1- las mujeres se ven feas porque no han sido queridas por sus madres o no se han sentido queridas. El narcisismo de las madres no está puesto en sus obras: las hijas, sino más bien está puesto en ellas mismas (como la madrastra de Blancanieves). Y peor aun, necesitan de la denigración de sus hijas para sentirse bien ellas. Es la tragedia de la envidia materna, que irá siempre in crescendo, pues las madres se irán haciendo cada vez más viejas, decadentes y limitadas, y las hijas crecerán y en el mejor de los casos florecerán y serán mejores madres que las que tuvieron (como una patita fea, que puede encontrar en el psicoanalista una mamá cisne que la contenga y la ayude a restaurar su deteriorado yo y  su imagen corporal). 2-  Se ven feas también porque el padre no ha ejercido su función de modulador de la relación madre-bebé, al tiempo que le manifiesta su amor desexualizado a la niña. El padre debe tener la suficiente entereza como para mostrarle su amor a su hija independientemente de como sea su relación con la madre y del vínculo madre-hija.

En conclusión: 1- el auge de las mamoplastias se debe a razones sociales y psicológicas que no son tomadas en cuenta; 2- los cirujanos plásticos no discriminan las razones psicológicas porque no están preparados para hacerlo y no discriminan las razones sociales porque ellos forman parte de la misma sociedad que fomenta valores disfuncionales; 3- al realizarse  mamoplastias de manera indiscriminada se satisface el deseo manifiesto de las mujeres pero al no tomar en cuenta las razones latentes se maltrata y agrede a la mujer como paciente. El médico debe ocuparse de la salud de sus pacientes (incluyendo la salud mental) su función no es satisfacer los deseos de sus pacientes, siendo el de la mamoplastia, además, un deseo que tiene que ver con la moda, con valores sociales disfuncionales, con consecuencias desconocidas a largo plazo y además produce cambios anatómicos impredecibles e irreversibles. Uno de los principios  médicos más antiguos dice:  primum mon nocere: lo primero es no hacer daño.

Notas


[1] La reparación maniaca es una falsa reparación, en este caso se le atribuye a dos bolsas plásticas el poder mágico de reparar toda una vida de maltratos.

[*] El autor es médico psiquiatra, psicoanalista y antropólogo.  Miembro Titular y Didacta de la Asociación Venezolana de Psicoanálisis.

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