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Tania Hernández |
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Imágenes disipadoras: lo contrario de nada |
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Lo
radical como elemento plástico
ha sido el proceso más recurrente en la historia del arte y la herencia
que nos dejaron las Vanguardias Históricas, concluyendo algunas de esas
propuestas en modas pasajeras y otras en propuestas sinceras. Pero lo que
más llama la atención en todo ese proceso vivido es el desarrollo técnico–artístico
por el que ha pasado el arte, simulacro que en algunos casos
ha derribado el carácter subjetivo, intuitivo y sensible de
algunas expresiones artísticas. Es
por ello que consideramos que ante le desgaste de la imagen, el
agotamiento de los medios de expresión, se hace necesaria la idea de
modificación de la percepción incluyendo el elemento lúdico. La
imaginación, las obsesiones, los sueños, pueden ser un medio de evocar
configuraciones posibles que ya no reflejarían exactamente la estructura
de las cosas establecidas, es decir, lo que pasa es que frente al
individualismo contemporáneo, ese objeto artístico tiene que enfrentarse
al sujeto de hoy, impersonalizado y anónimo. Vemos
entonces como hoy se empiezan a producir textos artísticos bajo la
premisa de un juego libre, que de alguna manera intenta producirse, no
tanto atendiendo sólo a reglas, sino tomando en cuenta la cogenialidad
del receptor. He
aquí donde se encamina lo que yo llamo mi investigación escéptica, en
tanto que intenta la producción de imágenes, más como un proceso de
interpretación que de denuncia, con un reflejo de una angustia menos utópica
pero sí más subjetiva, es decir, apelan a cierta referencialidad
articulando sentido con la mirada. Se
trata en última instancia de una actividad metafórica que en ningún
modo significa imponer el orden y el sentido moderno, por el contrario,
hay como una especie de intencionalidad vacía, ya que no se trata de
trascendencia, se juega con formas que no alcanzan un contenido preciso. Es por eso que vemos en los cuadros (ver figuras) manchas de color plano y arbitrarias, jugando con varios tonos de un mismo color. Esto hace que no podamos ver objetos, sino gestos, aconteceres. Intentaremos parodiar un suceso, un instante, y ese instante abarcando el gesto como una especie de síntesis que sea aprehendido estéticamente. Esa aprehensión es posible a través de la mirada como un instrumento de estetización voluntaria. Y para terminar con una frase de Chantal Maillard: “Vivir estéticamente significa que el juego está por hacer”. |