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Historia del zapato, una biografía intervenida |
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Juan Calzadilla |
La identificación confiada a las huellas digitales, al parecido, a la escritura, a la necrología, al porte de la personas y a sus gestos, cuando se trata de comprobar que alguien ha existido, nunca fue más cuestionada y expuesta al ridículo que cuando, sustraído de todo intento de volverlo funcional y representativo, se recurre al zapato como a una obra de arte o, mejor, como al instrumento identificatorio de la memoria, capaz de librarse de ésta para detentar en sí mismo una presencia autónoma, guerrera. Independizado, el zapato se convierte así en expediente carnal, fetichista, perezoso y seductor bajo el reluciente envoltorio de su milagrosa piel, cual objeto recobrado, cuya dignidad, antes relegada a las ceremonias, y al lustre de las farsas y de la comedía diaria, se entrega ahora intacta en el objeto de arte que queríamos hacer de nuestras vidas y con el que soñábamos. Altar del ego enclaustrado en su horma y revivido por los tatuajes, aderezos y cortes practicados en su cuerpo por el artista mismo que lo portaba, el zapato retoma aquí la dimensión del sueño y el lugar de la memoria, como si se le destinara a una biografía intervenida, para la que nada de lo que contribuye a resaltar su presencia y a aherrojarlo aun más a nuestras obsesiones y quimeras, resulta extraño. Por eso, la sacralización que lo hace objeto de fascinación socava en él toda vulgaridad y todo lo que por resultarnos demasiado íntimo o intruso, como una prenda de vestir, destinábamos a la depredación de los basureros. Pero no. Lo hemos recobrado. Hemos hecho del frágil zapato la nave de un culto que, elevándonos sobre los terrores diarios, conduce por fin al reencuentro de la magia. |
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